Espectáculo. Cada uno de los integrantes demostró durante dos horas y media su calidad técnica para ejecutar los instrumentos.

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Dream theater en El Salvador

Dream Theater debe ser un antes y un después en la historia de los conciertos en el país, esto debe abrir la puerta para empezar a ver a otras así de grandes.”

Las puertas se abrieron y una multitud de personas corrió desesperada por ubicarse entre las primeras filas frente al escenario. El espectáculo de Dream Theater inició con las bocas abiertas de admiración del público al ver la batería “Pearl” de Mike Mangini, un resplandeciente monstruo gris con el que mas tarde golpeó el pecho de los presentes con su potente sonido.

Cerca de las 10 de la noche del viernes, el anfiteatro del CIFCO se convirtió en el centro de un verdadero ritual para la música cuando las luces se apagaron para la entrada del guitarrista John Petrucci, el bajista John Myung, Mike Mangini en la batería, Jordan Rudess con los teclados y James LaBrie en la voz. Del techo de escenario colgaban tres pantallas en forma de cubos en donde se proyectaron imágenes animadas para recrear el concepto de la primera pieza del repertorio titulada “Bridges in the Sky”, de su más reciente creación “A Dramatic Turn Of Events”.

A continuación sonó “6:00” y luego regresaron al nuevo disco con “Build me Up, Break me Down” y “This is the Life”. Dream Theater impresionó con la calidad técnica de sus miembros desde el inicio, pero la mala nota fue para el sonido, que no fue lo suficientemente bueno para apreciar la voz de LaBrie. De la lista de canciones no se escaparon algunos íconos como “The Spirit Carries On” y “Pull me Under”, como el gran cierre.

Por su parte, el público –que no logró abarrotar el anfiteatro– estaba compuesto por seguidores fieles del grupo que corearon casi todos los temas, además hubo una buena variedad de músicos de la escena local entre la audiencia.

John Petrucci, considerado uno de los mejores guitarristas del mundo, fue otro de los integrantes que impactó con su virtuosismo, ya que por momentos acariciaba el mástil para producir delicadas melodías que luego pasaban a un derroche de habilidad para ejecutar las escalas. Rudess giraba en una plataforma e impresionó por la velocidad con que sus dedos tocaron el teclado. Myung fue contundente y preciso, mientras Mangini impuso su talento y demostró por qué ha roto récord con su velocidad al desarrollar un solo de aproximadamente cinco minutos.

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