Las gradas que llevan de la octava a la primera planta del edificio de la primera división del fútbol salvadoreño suman una incontable cantidad de escalones. Todos y cada uno de ellos son los que tuvo que recorrer el elefante para llegar hoy al salón que ocupa desde la semana pasada el tigre: el de presidente del congreso balompédico.
Una vez entra en su despacho, el paquidermo no puede hacer otra cosa sino sentir miedo de ver sentado, orgulloso de su posición, al tigre que, hace nueve sesiones —cuando tuvo que ver por primera vez al elefante—, no estaba ni cerca de llegar a su cargo actual. Hoy, ya puede hablar fuerte. Y lo hace.
El capitalino viene a pedirle tregua. Necesita tres puntos que le ayuden a escapar por completo de la amenaza del repechaje, que lo pondría en riesgo de abandonar el edificio. Pero el tigre no lo quiere ayudar.
Es claro. FAS busca seguir acumulando poder a su alrededor para después subir un escalón más y quedar entre los cuatro equipos que tendrán derecho a la cumbre máxima del fútbol cuscatleco, definiendo al que será campeón y mejor plantel del país.
Además, los santanecos no saben de hacerle favores ni concesiones a nadie. Tienen integrantes habilidosos en su interior para conseguir lo que quieren. El más destacado: el argentino Alejandro Bentos, que va camino de convertirse en uno de los jugadores más históricos de la plantilla y a quien los clásicos y este tipo de debates siempre le vienen bien para acrecentar su cuota de popularidad.
También tienen lo suyo
Una vez el tigre ha mostrado sus garras y el elefante ha comprendido que debe pelear para ganar lo que desea, también echará mano de los recursos —pocos, pero recursos a fin de cuentas— que tiene para conseguir su objetivo.
Los paquidermos ya no son infranqueables a la defensiva. Atrás quedaron las batallas en que sobrevivían sin rasguño alguno, aunque, al menos, en sus últimas tres han salido vivos y con puntos que los hacen respirar más tranquilos.
A la ofensiva, sus colmillos no terminan de tener todo el poder ofensivo que desearían, pero no les queda de otra y tienen que batirse en el duelo si quieren ganarse —por mérito propio— la sobrevivencia en la jungla del fútbol nacional.
FAS está confiado de su posición y de que no va a perderla. Hasta el momento, nadie lo ha irrespetado en su oficina y espera que siga siendo así. Alianza confía en sí mismo y en que podrá salir vivo de la dura visita. Como uno de los integrantes del G4, debe de hacerlo.