El Once Municipal rompió capote: ganó su primer partido del Clausura 2008 y puso ayer al San Salvador en el banquillo de los acusados.
En su agonía por evitar el descenso directo, el conjunto canario recortó entero al San Salvador, que ve cómo el tanque de oxígeno se le vacía en cada fecha.
Con la victoria del Once Municipal, la primera en 16 partidos, son apenas tres puntos los que separan a los fronterizos de las panteras metropolitanas.
Ayer ganó el menos malo. Tanto el local como la visita hicieron un partido digno de la rechifla. Solo el gol de penalti del brasileño Dimas Braz (al ’58) salvó la tarde para los anfitriones.
Y es que jugaron a nada: a los pelotazos sin sentido de un área a otra y con pases equivocados. En fin, la apatía reinó a lo largo de los 90 minutos.
En teoría, el obligado a buscar el área rival, por su situación, era el cuadro local, pero ni uno ni otro tomó la iniciativa.
La primer llegada con algún grado de peligro tuvo que esperar hasta el ’12, y fue un testarazo del ecuatoriano Javier Angulo que se fue sobre el travesaño.
Las panteras respondieron a la agresión ocho minutos más tarde. La jugada llegó por el carril izquierdo luego de una escapada de Juan Díaz, quien centró perfecto para Cristian Gil Mosquera, pero el colombiano erró.
El cafetero sacó un “churrito” a las manos del meta José L. González, dejando ir la mejor ocasión de las panteras a lo largo del juego.
Los canarios tampoco gozaron de mayores opciones. Hasta antes del gol, los ahuachapanecos solo gozaron de un par de oportunidades: un zapatazo de tiro libre de Ladislao Nerio que se estrelló en el horizontal y un remate suave de Angulo que el portero Pablo Hernández controló sin mayor dificultad.
De la segunda parte, lo más rescatable fue la escapada por izquierda de Dimas Braz que terminó en penalti tras recibir una entrada de Moisés García.
“No me gustó mi equipo ni el Once Municipal, fue un partido malo, como que no se estaba jugando el descenso, faltó alma y deseos”, dijo Rubén Alonso, técnico del San Salvador.
Los ahuachapanecos, sin embargo, obviaron la calidad del partido, para ellos lo importante es que su cuadro ganó y que prolongó su estadía en la primera división.
La afición canaria y los jugadores festejaron la victoria como si hubiesen conseguido el campeonato.