8 de Septiembre del 2008 .: La Prensa Gráfica :.
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UN HOGAR. Muchos de los inquilinos del hogar no son originarios de Santa Tecla; algunos proceden de áreas rurales y por diferentes razones hicieron del asilo su hogar.
ANCIANOS
Viven de la caridad pública
Dormitorio público se ha convertido en asilo de adultos mayores


José Cabezas
gransansalvador@laprensa.com.sv

El albergue de la ciudad de Santa Tecla es administrado por una junta directiva que recibe la ayuda de personas particulares e instituciones que aportan para la alimentación de los ancianos que han hecho del mismo su hogar. Su único hogar.

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1947

El dormitorio público de Santa Tecla data desde 1947. Alrededor de 27 ancianos han hecho del sitio su albergue natural. Es su residencia, donde comen, duermen y se la pasan esperando su día final.

Cuando un anciano enferma es llevado al Hospital San Rafael. Es común que algunos mueran, lo cual es complicado porque los administradores carecen de presupuesto para entierros.

Es miércoles por la mañana y el día transcurre tranquilo: un anciano se refugia en la lectura de la Biblia y algunas mujeres conversan para disipar la monotonía en el albergue de ancianos que funciona en el dormitorio público de la ciudad de Santa Tecla. Veintisiete ancianos entre hombres y mujeres comparten los últimos años de sus vidas en un edificio que data desde 1947, que ha servido de refugio a los menos favorecidos desde entonces. Algunos de los internos viven ahí desde hace más de 20 años y las historias son diversas sobre su llegada al lugar.

El día transcurre sin variaciones; algunos comienzan a regresar a medida se acerca el mediodía para almorzar, ya que para subsistir salen a mendigar. Avanza el día y unos gritos rompen la tranquilidad. Pocos se inmutan; uno de los internos está mal, al parecer el día anterior cobró su pensión e ingirió bebidas alcohólicas. Tendido en el piso del dormitorio es ayudado por su hijo, otro indigente que vive a las afueras del asilo; la ambulancia llega y don Antonio es trasladado al hospital.

Atardece y los primeros inquilinos comienzan a llegar para pasar la noche, y con ellos un grupo de la iglesia evangélica Columna de Amor para brindarles comida y un momento espiritual. La noche llega y un día más termina al cerrarse la puerta. Al día siguiente comenzará la rutina, lenta para algunos, para otros la esperanza de un día mejor en el ocaso de su vida.

 


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