El sistema que no cuidó de “Mayra”
Escrito por Loida Martínez AvelarSábado, 31 enero 2009 00:00
Es hasta el lunes que posiblemente la jueza pueda hablar sobre eso. Pero quién sabe que el expediente ya se fue a otro juzgado.”
Asistente del Juzgado Tercero de Paz de Ciudad Delgado
No nos hicieron caso en el juzgado. Hasta hoy la jueza me anda hablando preguntándome por la niña.”
S. Mejía, madre de la menor
Sin respuesta
En su relato sobre cómo vio que el padre de su hija, de tres años, intentó asesinar a la menor cortándole el cuello, la madre de “Mayra”, S. Mejía, asegura que hubo un antecedente de recurrentes ataques de violencia intrafamiliar; afirmó que el caso ya estaba siendo ventilado en un juzgado de Familia de Ciudad Delgado.
La madre, de 20 años, había interpuesto en abril pasado una denuncia en contra de quien entonces era su compañero de vida. Sin embargo, las restricciones para que “Papi Kike” (como le llama “Mayra”) siguiera teniendo potestad sobre su hija nunca llegaron.
“Lo denuncié porque ya no soportaba. Me separé de él cuando la puse (la denuncia), pero la jueza no hizo nada y mire lo que pasó, algo terrible. Mi hija es todo para mí”, relató la madre, quien pese a sus 20 años pareciera ser mayor.
Aparentemente, la denuncia pasó a ser un documento más en el archivo judicial, pues S. Mejía asegura que no existió seguimiento al caso y mucho menos una orden de restricción para que Edgardo Enrique Flores Salvador, el padre de “Mayra”, no se acercarse a su ex compañera de vida y a la hija de ambos.
Lo que tanto temía la madre de la menor sucedió: el padre de “Mayra”, de 21 años, la hirió en el cuello ante la mirada de los cuatro policías que la acompañaban para recuperar a la niña.
El individuo tenía tres días de haberla llevado a su casa. No estaba drogado ni alcoholizado, según dice la madre de la pequeña. “Él así es cuando se le mete el demonio. La verdad que ya me había intentado matar a mí con una navaja, pero no pudo, por eso me quiso matar a mi hija”, rememora mientras los ojos se le llenan de lágrimas.
A pocos metros
De hecho, Flores Salvador vivía ya separado de la madre de “Mayra”, pero a solo tres casas de distancia de la vivienda de su ex compañera y su hija, en Ciudad Delgado. En ese lugar conoció a S. Mejía, hicieron su hogar y se separaron.
LA PRENSA GRÁFICA intentó confirmar la respuesta que dio el Juzgado Tercero de Paz a la denuncia de S. Mejía; sin embargo, la asistente del secretario de la jueza, Mirna Estela de Ardón, aseguró que será hasta el lunes que “posiblemente” pueda la funcionaria conceder una declaración sobre este caso.
Extraoficialmente se conoció que existe una posibilidad de que el expediente del caso ya esté en manos del juez Primero de Paz de Ciudad Delgado, quien giró detención provisional contra el padre de la niña. El individuo, después del ataque, permanece recluido en Mariona.
Pero el sistema judicial no ha sido el único que le ha fallado a “Mayra”. Hasta ayer en la mañana, el Instituto de Medicina Legal no le había efectuado a la pequeña una verificación genital para comprobar si su padre abusaba sexualmente de ella. Las sospechas de su madre apuntan a que esta posibilidad no está descartada.
Según S. Mejía, los arranques de histeria de Flores Salvador, las golpizas, los maltratos y los celos enfermizos estuvieron a la orden del día durante sus tres años de convivencia. La menor también era víctima de los golpes. “Hubo un tiempo en que la niña le tenía miedo a los cinchos, como él le pegaba”, confiesa con tristeza S., mientras esperaba sentada a que su pequeña saliera de uno de los quirófanos del Hospital de Niños Benjamín Bloom, donde fue operada ayer por médicos estadounidenses que intentan devolverle la sonrisa. Esa que su padre le truncó en un ataque de histeria.
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