Ignorar el pasado: una aberración
Escrito por Luis Gómez ZárateViernes, 05 diciembre 2008 00:00
Recordar hechos pasados que abarcan la vida de la sociedad humana es historia. Según sea su objeto, una nación o un grupo de naciones será historia nacional o general, y cuando engloba un conjunto de sociedades la historia es universal.
La palabra historia viene del griego, que significa interrogación, indagación. Herodoto, un griego de Jonia, escribió su historia, una investigación sobre las causas de las guerras entre griegos y persas, cumpliendo con la más difícil tarea de reconstruir el pasado. Tucídides, ateniense, escribió la Crónica de la Guerra de Peloponeso en la que participó, relatando lo que vivió, especialmente las masacres.
En Roma se conservan las crónicas, llamadas también anales. Livio fue un historiador patriótico, no solo recordó el pasado, sino que señaló a los traidores.
En el siglo XVI, creció entre los estudiosos el interés por el pasado, y en el siglo XIX aumentó el interés por conocer detalladamente el pasado.
Como podemos deducir, conocer el pasado es importante y tiene como fin que las personas que lo vivieron lo recuerden, por si lo han olvidado, y que lo conozcan los que no lo vivieron.
Por eso cuando una persona manifiesta públicamente “que no le interesa el pasado”, como el profesor Salvador Sánchez Cerén y su candidato funesto, es una aberración. Según el Diccionario de la Real Academia Española, aberración es: idea descabellada, contraria a lo que se tiene por conveniente o moralmente admisible. Por eso el titular de este artículo.
Ante esta aseveración “que no interesa el pasado”, no me explico cómo el profesor Salvador Sánchez Cerén enseñó la historia patria a los alumnos que tuvo en las escuelas rurales. Lo más probable es que les envenenó sus mentes con ideas comunistas, que él confiesa en su autobiografía, “Con sueños se escribe la vida”, que es marxista comunista.
Pero realmente con la frase “que no le interesa el pasado”, Salvador Sánchez Cerén no quiere que recordemos las acciones que ordenó y avaló, cuando era jefe de las FPL, como secuestros, asesinatos, extorsiones, pagos de rescates. En estos últimos puso especial interés.
Ahora comprendo también por qué no quiere que se conozca el pasado de las FPL, porque lo primero que se viene a la mente es la siguiente pregunta: ¿Qué hicieron el cadáver del embajador de Sudáfrica, señor Archibald Gardner Dunn?, a quien secuestraron y lo mantuvieron en cautiverio 363 días, pidiendo por su rescate 20 millones de dólares y la publicación de un comunicado de las FPL en 102 países y en el idioma de cada uno de ellos. Como no se realizara el pago del rescate, asesinaron al embajador Dunn y jamás han dicho hasta hoy dónde está su cadáver. ¡Qué ejemplo de moralidad notoria!
El pobre candidato funesto también dice “que no le interesa el pasado”, y mucho menos el presente, pues le dicen lo que tiene que hacer y su futuro es incierto pues con la derrota que ya tiene asegurada no sabe a dónde lo destinará Chávez.
Los salvadoreños debemos tener presente ese pasado, pues es parte de nuestra historia y estar vigilantes para que no se repita esa época de terror y muerte.
Esa parte de nuestra historia debe servir para resucitar la conciencia de esta generación y ser salvadoreños de cuerpo entero, comprometidos en reconstruir un verdadero futuro, para nuestro El Salvador, en libertad y justicia, desterrando para siempre, esos grupos que claman por la libertad, pero que abusan de ella, atropellando los derechos humanos, y gozando de impunidad.
La defensa de nuestros valores nacionales debe darse con energía, mucho antes de que se materialicen los intereses de los comunistas criollos, tendientes a desplomar la república.
















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