Donativo. La generación de 1962 aprovechó la actividad para hacer efectiva la donación de una clínica para el instituto.

5,000
es población estudiantil aproximada que atiende ahora.
“Poco a poco fuimos cayendo en la cuenta de que todos nos convertimos en mujeres y hombres de bien.”
Hugo Carrillo
exembajador de El Salvador
Cincuenta años después, la generación de bachilleres de 1962 del Instituto Nacional de Santa Ana, ahora centro escolar INSA, volvió a su institución y recibió un nuevo diploma por las bodas de oro de su graduación, en el marco de la celebración de los 114 años de fundación de la institución.

Convertidos ahora en profesionales, hombres y mujeres de bien, la mayoría abuelos y abuelas, volvieron a recordar sus años mozos, cuando recorrían las instalaciones del INSA, apenas tres edificios que albergaban a poco más de 500 estudiantes.

Ahora el INSA es un gigante que atiende a 5,000 alumnos y está erigido en varias manzanas de terreno.

Ha cambiado mucho desde 1962, pero el entusiasmo de aquellos estudiantes y el amor y orgullo que sienten por esta institución no han cambiado nada.

Lo demostraron con sus rostros alegres de volver al lugar que les dio un título de bachilleres, donde tuvieron aventuras y desventuras, sus palabras así lo dejaron ver, pero también lo demostraron con hechos.

Fue gracias a su gestión y ayuda que el INSA cuenta ahora con una clínica de atención médica para la comunidad educativa, la cual tuvo un costo de más de $10,000 y que llevará el nombre de un exalumno de esa promoción, Mario Duarte, un reconocido médico santaneco quien fue un incógnito altruista del instituto y que falleció hace algunos meses.

Al galeno se le brindó un homenaje póstumo, en la cual la familia Duarte recibió una estatuilla y un diploma.

Hugo Carrillo, integrante de esa promoción y diplomático de carrera –fue embajador de El Salvador en México hasta junio de 2011–, señaló que reencontrarse 50 años después con motivo de un nuevo aniversario del INSA ha significado para su promoción tres experiencias: reencontrarse y reconocerse con sus excompañeros, regresar al INSA y poder ayudarle a la institución.

Señaló que entre una lista de posibilidades, la construcción de la clínica médica fue la prioridad, un proyecto en el cual también participaron integrantes de otras promociones, pero que representa una gran satisfacción poder ayudar a la institución que les abrió las puertas hacia su formación académica profesional.

“Fuimos cayendo en la cuenta, y para satisfacción, que todos nos convertimos en mujeres y hombres de bien, decía un poco en broma que ninguno de nosotros había pasado por Mariona, todos hemos sido personas de bien”, sostuvo el exembajador.