Un nuevo inicio paralos pueblos originarios
Coincidiendo con el solsticio de invierno, los pueblos originarios salvadoreños realizaron por primera vez una celebración pública y en conjunto del Año Nuevo en el calendario maya.
Escrito por Patricia CruzJueves, 23 diciembre 2010 00:00
“Creemos que es el nuevo momento que los pueblos originarios están escribiendo en la historia después de tantos años de invisibilización.”
Amado Ramos, CNI
“Este acto es mínimamente la realización de un derecho sagrado, el derecho a estar en un sitio largas horas, a expresarnos.”
Alfonso Avelar, director Pueblos Originarios
El fuego sagrado permaneció ardiendo toda la noche. Era necesario para renovar las energías e iniciar un nuevo año, un nuevo ciclo de vida, purificando el espíritu para salir lleno de vibras positivas, todo en armonía con la naturaleza y con los antepasados.
Así se llevó a cabo la celebración del Año Nuevo, según el calendario maya, el martes en la noche desde el ascenso de la abuela luna, hasta la salida del sol el día siguiente. La actividad fue organizada por la Secretaría de Inclusión Social (SIS) a través de su Dirección de Pueblos Indígenas y la Coordinadora Nacional Indígena (CNI).
Según estimaciones de Amado Ramos, miembro de la CNI, unas 1,200 personas asistieron a la convocatoria. Hombres, mujeres, tatas, niños y jóvenes llegaron hasta San Andrés representando a los distintos pueblos originarios del país de ascendencia nahua, lenca, pipil, chortis y cacahuiras, por lo que la diversidad se puso de manifiesto.
El inicio de la ceremonia ancestral se marcó con el encendido del fuego, en el que únicamente participaron los tatas de diferentes comunidades por tratarse de un acto sagrado, pero los demás fueron invitados a participar desde un círculo alrededor de las llamas.
Durante poco más de dos horas se hizo una invocación a los antepasados, y en cada uno de los cuatro puntos cardinales se agradeció a todos los elementos, a la naturaleza, a los animales, como muestra de respeto y de convivencia armoniosa. Según los indígenas, algo que ya muchos humanos han olvidado.
A la luz de las llamas se agradeció una, dos, tres, cuatro veces a todos aquellos que han pasado a otra vida, a la Madre Tierra, a los ríos, al viento, a la naturaleza y a los animales.
Cobran visibilidad
Es la primera vez que los pueblos originarios del país comparten esta celebración, y que lo hacen de manera pública y sobre todo con apoyo estatal.
“Creemos que es el nuevo momento que los pueblos originarios están escribiendo en la historia después de tantos años de invisibilización y de sometimiento, creemos que ahora vamos realmente a buscar la unidad, vamos a encontrar la unidad. Los abuelos, las abuelas que habitaron estos lugares sagrados nos han dado también mensajes que debemos de buscar el encuentro entre los diferentes pueblos indígenas”, comentó Ramos.
Por su parte, el director de Pueblos Indígenas de la SIS exclamó: “Este acto es mínimamente la realización de un derecho sagrado, el derecho a estar en un sitio largas horas, a expresarnos, a sentirnos, a acompañarnos. Se trata de ir de una manera lenta realizando los derechos de los pueblos indígenas, los ministerios, las secretarías, todas las instituciones del Estado, ir procurando de una manera progresiva y con base en las posibilidades, realizar esos derechos, el derecho a la salud, a la educación, a la cultura, al respeto a las cuestiones ancestrales”.
Llegada la medianoche tuvo lugar la ceremonia de velas, como símbolo de un minuto de luz para pedir por la paz en el país. Al mismo tiempo se llegaba al inicio de un nuevo ciclo de 52 años por lo que también fuegos artificiales acompañaron el momento.
Luego del acto y mientras se esperaba la salida del sol, distintos grupos musicales como Talticpac o Kilómetro Cero deleitaron con sus melodías a los asistentes. Al llegar la mañana, la ceremonia finalizó con una danza alrededor del fuego sagrado para agradecer por el nuevo amanecer, por la vida, por un nuevo inicio.
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Fotos de LA PRENSA/Nilton García
Rito. El fuego sagrado, alrededor del cual se realizó la ceremonia de bienvenida del Año Nuevo del calendario maya/náhuat, se celebró el martes pasado en el parque arqueológico San Andrés.
Fotos de LA PRENSA/Nilton García
La salida del sol. Fue el punto final de la celebración del Año Nuevo maya/náhuat.
Indígenas celebran el año nuevo según calendario Maya-Nahuat
El fin y el inicio de un ciclo
El 21 de diciembre por la noche, los pueblos originarios del país celebraron la llegada de un nuevo ciclo de 52 años.
El solsticio de invierno marca en el calendario maya el fin e inicio de un ciclo de 52 años. El martes pasado se inició uno nuevo. La ceremonia en el país tuvo lugar en el parque arqueológico de San Andrés, en La Libertad.
En la actividad participaron unas 1,200 personas provenientes de diferentes comunidades como nahua, pipil, chortis y cacahuiras del país.
El centro de la ceremonia es el fuego, que simboliza la renovación de energías y purificación del espíritu.














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