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A inicios de la década anterior, el adolescente beisbolista Erasmo Ramírez, de 13 años de edad, viajó durante casi 12 horas de Nicaragua a San Salvador, por la vía terrestre, para incorporarse a la Fundación Educando a un Salvadoreño (FESA).

Esta fundación fortaleció integralmente su potencial e hizo posible su contratación para las ligas menores de los Marineros de Seattle, Estados Unidos. El miércoles anterior, y ya siendo miembro de la familia de las Grandes Ligas, Erasmo volvió a cumplir la misma travesía, pero esta vez por avión, necesitando una hora con 20 minutos para aterrizar en El Salvador. Ahora, con 22 años de edad y 205 libras de peso, sigue siendo el mismo chico humilde y con los pies sobre la tierra, pero con el sueño vigente de hacer carrera en el mejor béisbol del mundo.

¿Cómo fue el primer año en Grandes Ligas?

Fue un año de buenas y malas situaciones, pero al final terminé súper alegre por haber logrado la meta de llegar a Grandes Ligas. Gracias a Dios pude terminar una buena temporada como lanzador novato. En mis proyecciones esperaba llegar a finales del año al primer equipo, pero gracias al fuerte trabajo se dieron las cosas y producto del buen rendimiento el ascenso llegó más rápido.

¿Cuáles fueron sus números en 2012?

Como lanzador de apertura gané un juego y perdí tres. El triunfo, histórico para mí, lo obtuve en septiembre lanzando siete innings contra los Azulejos de Toronto, de Canadá, 4-3, en Toronto. Y perdí ante los Angelinos de Anaheim, Orioles y cerré pitchándole a Oakland. Terminé con una efectividad de 3.36 en 59 innings, con 46 o 48 ponches. El juego contra los Orioles estuve a punto de ganarlo porque lancé durante ocho innings y al ser relevado lo entregué con ventaja 2-0, pero Orioles remontó y rescató el partido.

¿Cuál fue la estrategia a la hora de estar sobre la lomita?

Lo normal. Siempre recurrimos a la bola recta, bajita y afuera. Al conocer y analizar a los bateadores comencé a mover más la zona adentro, para no ser tan predecible. Y esto me dio bastante éxito. En la ruta al primer equipo de los Marineros y como relevista llegué a lanzar a un promedio de 96, 94, 93 millas por hora. Pero ya como abridor las cosas cambian porque uno tiene que guardar energías para más innings y anduve a un promedio de 90, 91 y 92, apretando en el transcurso de los innings.

¿Cómo resume el ambiente del béisbol de las Grandes Ligas?

¡Otro mundo! Tú te sientes como que estuvieras viviendo un sueño. Tu solo vez eso en los juegos de video o en la tele. Pero cuando tú estás allá tienes el chance de vivir y compartir con todos esos jugadores que admiras y eso es lo mejor que hay. ¡Es otro mundo! No puedes cometer errores, porque te hacen pagar. Tienes que dar más de tu sacrificio y demostrar que estás allí porque te lo haz ganado.

¿Fue determinante su paso por FESA para llegar a los Marineros o igual lo hubiera logrado estando en Nicaragua?

Te digo que ahorita estaría jugando en la liga profesional de Nicaragua, porque siempre decían que mi estatura no me favorecía. Entonces don Jorge Bahaía me tendió la mano, me abrió las puertas y yo puse mucho de mi parte para aprovechar la oportunidad. Aquí en FESA trabajé con Héctor Arita, a quien envío mis saludos y agradecimientos, y con los dominicanos Jorge Lugo y Michael Cruz. Recuerdo que estuvimos con Danny Ayala y Nelson Pereira. Le agradezco a don Jorge Bahaía.

¿Cuál es el próximo objetivo?

Ya que ellos tienen una buena visión de uno, seguir trabajando fuerte, más que todo en lo físico, para superar los números. Porque uno ya les ha demostrado lo que puede dar, ahora a estar concentrado y demostrarles que uno en vacaciones no solo viene a pasear, sino a mantener la condición física. A este nivel es muy importante mantenerse activo.