Imagínese correr del centro de San Salvador hasta la ex Feria Internacional, del centro hasta El Trébol de la carretera Panamericana, y del centro hasta Suchitoto. Todo en menos de una semana. Ahora, imagínese ganando esas tres carreras.
Se oye, se dice, y se escribe fácil, pero no se consigue igual. Esas fueron las tres pruebas (5,000 y 10,000 metros, además de la maratón) que el checoslovaco Emil Zatopek ganó en Helsinki 1952 y que le bastaron para meterse con todo mérito en la historia dorada de los Olímpicos.
Nada mal para un atleta que comenzó a correr motivado por los aplausos que recibió luego de su primera competencia, en la que terminó en segundo lugar. Una prueba en la que no quería correr, y en la que, incluso, mintió diciendo que tenía un dolor en las rodillas.
Sin embargo, un médico se dio cuenta del engaño y Zatopek fue obligado a correr. Las vueltas que da la vida: luego de entrar segundo, las palmas de la gente cambiaron por completo la perspectiva que tendría el corredor checo para siempre.
Sin dejar de lado sus actividades en el cuartel —ya que Zatopek también era militar—, comenzó a entrenar y ganó en los Juegos de Londres 1948 la medalla de plata en los 5,000 metros y la de oro en los 10,000, la cual le valió para ser el primer atleta dorado en la historia olímpica checa.
Apretó en los entrenos. Para afinar la técnica, corría todos los días los 10,000 metros divididos en etapas. Primero cinco carreras de 200 metros, luego 20 recorridos de 400 metros, y después otras cinco carreras de 200.
El justo premio llegó en Helsinki, cuando ganó las tres pruebas, marcando un hito que hasta la fecha no ha vuelto a ser igualado por ningún competidor. Sin embargo, su vida se torció luego de ser considerado héroe nacional, pues hizo a un lado su apoyo al partido comunista, por lo que fue expulsado del Ejercito. Cuando se retractó, en 1975, su imagen volvió a exhibirse públicamente.