“Si gano, soy un americano, no un americano negro. Pero si lo hago mal, entonces me llaman ‘negro’”. La frase es fuerte, como el impacto que causó uno de los episodios más polémicos en la historia de los Juegos Olímpicos: ver a dos atletas alzar al aire su puño enfundado en un guante negro.
El hecho fue conocido como el Poder Negro y no fue otra cosa sino la ratificación de la petición expresa de respeto que dos corredores, Tommie Smith y John Carlos, pedían para los de su misma raza.
Había sido un convulso 1968. Apenas en abril, había ocurrido el asesinato de Martin Luther King, férreo activista por los derechos de los afroamericanos, y la convulsión social estaba alcanzando cotas desconocidas de violencia.
El Comité Olímpico Internacional (COI) no escapó al conocimiento de la situación e incluso prohibió la participación de países como Sudáfrica y Rhodesia, por tener problemas de ese tipo.
Sin embargo, los atletas de Estados Unidos querían una demostración mayor de respeto hacia su situación. Y la consiguieron.
El 17 de octubre se llevó a cabo la prueba de los 200 metros, en la cual Smith y Carlos ocuparon las posiciones primera y tercera, respectivamente, dando paso al histórico episodio. Ganaron más que medallas: obtuvieron el reconocimiento del público y el del mundo.
Empero, al Comité Olímpico Estadounidense no le hizo gracia el gesto y decidió expulsar inmediatamente de la villa olímpica a ambos atletas, despertando la indignación de sus compañeros, quienes colgaron de una de las ventanas una sábana con la inscripción “Abajo Brundage”, en dedicatoria a Avery Brundage, presidente del COI en ese entonces.
No hubo después más demostraciones de rebeldía en los atletas, pero quedó guardada para la posteridad la imagen y una frase de Smith: “La dignidad de los negros vale más que lograr una medalla de oro para Estados Unidos”.