Apoyo total. Los becarios de la Fundación Educando a un Salvadoreño (FESA) le pusieron el ambiente al partido en el que la Azulita cayó con marcador de 3-0 ante su similar de Colombia.

La clasificación a octavos de final del mundial sub 20 se lograba a mirar con ilusión, de reojo, pero con cautela y mesura. Un empate bastaba para que la Azulita continuara escribiendo nuevas páginas en la historia de nuestro fútbol. Sin embargo, una potencia en ascenso, como lo es Colombia, se interponía entre conseguir la hazaña o despertar de su sueño a miles de aficionados salvadoreños de forma abrupta.

Toda una mañana de estudios, entrenos y la rutina con la que se trabaja en la fundación se vivió con una hora de adelanto para poder ver el partido de sus amigos, compañeros y ahora ídolos por haber conseguido lo que nunca nadie había logrado en un mundial de fútbol once representando los colores patrios: conseguir una victoria. Apegado a eso, la posibilidad de clasificar a la ronda de octavos de final estaba en disputa.

Con redobles, tambores, trompetas y encerrados en un salón con pantalla gigante, los becarios prepararon sus gargantas para entonar el himno nacional y, quizás, un par de goles que incrementaran los ánimos.

Luego de un inicio esperanzador, en donde los primeros 15 minutos de juego fueron favorables para la Azulita, los ánimos de los becarios se vieron estrepitosamente estrellados con el 1-0 que anotó Andrés Rentería para los cafeteros sobre 21 minutos. Silbidos, abucheos y uno que otro puchero fue lo único que se escuchó entre los que presenciaban el juego.

Tres minutos después, Jhon Córdoba fue derribado en el área y el juez central decretó la pena máxima. El mismo jugador cobró el penal y lo hizo efectivo anotando el 2-0, enmudeciendo el salón donde se presenciaba el partido.

Con el final de la primera parte, la preocupación y desesperación incrementó. La sub 20 fue de más a menos y se perdió en el campo. No se veía por donde podría recortarse la distancia y los alumnos de FESA veían una cuesta muy empinada para conseguir el descuento.

Tras el descanso, la mitad de los que iniciaron viendo el juego regresaron, pero la fe decayó y el único santo que colgaba entre los trofeos y recuerdos de los becarios vio consumados los ánimos .

Con la lluvia que arreciaba sobre Comalapa, campamento donde se resguarda la fundación, se fueron las ilusiones de conseguir una clasificación a octavos de final. Pero eso no fue todo, la señal satelital también se perdió sobre los 80 minutos y no regresó para ver el 3-0.

Uno a uno fueron abandonando el salón y mientras salían se coló un “tuvieron una buena participación los bichos”.