Empezamos la investigación alrededor de la banda migueleña Los Perrones hace casi medio año. Desde entonces, un equipo de periodistas siguió varias pistas que, en un inicio, eran solo eso, indicios. Preguntamos a multitud de fuentes en la mayoría de instituciones relacionadas con la persecución del delito en el país. Unos intentaron despistarnos, otros no nos dieron importancia y algunos, los menos, entendieron la importancia de que un caso tan trascendental conociera la luz pública por las implicaciones nacionales que tiene. El de Los Perrones no es un show propagandístico de las autoridades, no es un caso de poca monta; es, como dijo el fin de semana pasado el fiscal general, un caso de “alcances nunca vistos” en la historia judicial salvadoreña.

En este periódico tuvimos indicios de esa trascendencia, como dije, hace casi medio año, cuando oficiales con los que habíamos trabado una sana relación fuente-periodista empezaron a confirmar cosas que supimos tras revisar una importante cantidad de archivos y expedientes judiciales, o de relacionar algunos casos que primero aparecieron aislados unos de otros.

Con los indicios en la mano nos metimos a la más complicada de la etapas en la investigación periodística: las confirmaciones. Publicamos, entre tanto, un seguimiento completo sobre las capturas y procesos judiciales del sargento Nelson Arriaza y del agente Carlos Chévez, a la postre relacionados con Los Perrones. En ese reporteo escuchamos con mucha fuerza sobre la existencia de un grupo de crimen organizado que se había enquistado en la institucionalidad migueleña. Cuando las unidades élite de la fiscalía dirigieron un operativo para intentar atrapar a Reynerio Flores Lazo, lo que sabíamos empezó a adquirir más cuerpo informativo. Las piezas del rompecabezas estaban sobre la mesa; faltaba unirlas.

El momento más importante ocurrió cuando supimos que la Fiscalía estaba lista para efectuar la captura de un tercer empresario migueleño asociado a la banda: los fiscales habían decidido ir hasta las entrañas mismas del consorcio. En ese momento ya teníamos bastante claro cómo funcionaba la estructura criminal y sabíamos del alcance que había tenido la penetración que Los Perrones lograron en la policía, órgano judicial y otras instituciones públicas migueleñas. Teníamos confirmados nombres, relaciones y la participación de un agente y un jefe regional de la División Antinarcóticos. Las fuentes habían vuelto a decir, además, que “todo el sistema en San Miguel está infiltrado”. Era el momento de publicar. Lo hicimos.

Un día después, el fiscal Félix Safie confirmó en conferencia de prensa los alcances del tema. Él ha sido, hasta ahora, el único funcionario público que ha dado la cara. También el inspector general de la Policía. Ni el director de la PNC ni autoridad alguna de Seguridad Pública ni el Órgano Judicial han dicho esta boca es mía. Si el fiscal general habla de un caso con “alcances nunca vistos”, es muy grave que la máxima autoridad guarde silencio. Estamos esperando respuestas. La única que hemos obtenido hasta ahora es la del viceministro de Seguridad, quien se mostró molesto por algunas preguntas y recurrió a una fórmula bastante falaz para contestarnos: “los periodistas nos precipitan a dar información que no tenemos y nos arruinan las investigaciones”. No. Los periodistas, muchas veces, publicamos información que, si dependiera de las autoridades, nunca sería pública.

El de Los Perrones es un caso que revela infiltración del narcotráfico en la institucionalidad pública (¿y nos jactamos de no ser como Guatemala?). De eso hay que hablar. ¿Qué opinan los blogueros?

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Siguen los $0.30

Dicen los buseros que “como muestra de buena voluntad” van a volver a cobrar $0.25 a partir de mañana, domingo. A la hora que escribo esto, 4:05 p.m. del sábado, las unidades siguen con el precio de $0.30, según me informa el reportero de guardia esta fin de semana. ¿Muestra de buena voluntad? Es para reírse no. En español-salvadoreño plano, eso significa ganar tiempo para presionar al Ejecutivo por debajo de la mes.

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Estado fallido con los buses

No solo fue el paro. También, como si fuese el final anunciado de un guión macabro, los 13 muertos del accidente de un bus del transporte público -¡al que se le cayó el motor en plena marcha en la carretera a Metapán!- vuelven a hablar de la ineficacia, la falla, del Estado salvadoreño para sacar de la ilegalidad al servicio colectivo. Lo digo con todo el respeto para los dolientes.
La ecuación es muy simple: el Estado, en el caso de los transportistas, ha avalado, promovido y se ha aprovechado del irrespeto a la ley que nos rige a todos. Al estado salvadoreño aplica, en este caso, el apelativo de fallido, el mismo que la ONU utilizó para calificar a Guatemala en el caso del narcotráfico.
Ha fallado el Ejecutivo, tanto el presidente de la república como sus viceministros de Transporte. Ha fallado el legislativo, tanto el FMLN como ARENA, el PCN, CD y el PDC, por acción o por omisión. Y ha fallado el Judicial al amparar la ilegalidad. Ha fallado todo el aparato político salvadoreño: todos los partidos, únicos instrumentos ciudadanos para acceder al poder, han preferido cumplir sus compromisos particulares con las gremiales del transporte, que proteger las vidas de quienes los eligen.
Los muertos del accidente de ayer, que a estas alturas (2 horas después de que empecé a escribir y tras asistir a la reunion vespertina de la mesa de editores) ya suman 15, son responsabilidad de todos y cada uno de los diputados que, por no votar o abstenerse, han impedido que en este país haya una ley que proteja a terceros o que obligue a los empresarios a contratar seguros de vida. Esos cadáveres, como todos los demás, van a sus cuentas, señores políticos, supuestos protectores de la cosa pública.
Hoy todos deben responder. Primero, el Ejecutivo. Esta es, en realidad, la primera gran crisis pública de la administración Saca. Cuando llegó al despacho, el presidente actual hizo gala de gran habilidad política para acallar los reflujos que aún quedaban de los conflictos gremiales que tanto capital habían costado a Francisco Flores. Saca logró, en las primeras de cambio, neutralizar a Ricardo Monge, el sindicalista del Seguro Social que puso en jaque a la administración anterior. La foto, muy comentada hace tres años, es ahora un simple recuerdo de aquella luna de miel. La cosa cambió drásticamente ahora: los transportistas han tenido un éxito bastante considerable con el paro que convocaron hoy y, de paso, volvieron a desnudar sin verguenza alguna la inutilidad del Estado -que no del Ejecutivo exclusivamente- a la hora de lidiar con el tema. Se requiere, pienso, del poder de maniobra del presidente de la república para poner fin a la infamia.
Y deben responder, también, los candidatos. Señores Rodrigo Ávila y Mauricio Funes, ¿qué proponen ustedes en sus plataformas de gobierno para que el gremio de transportistas no controle a su antojo al aparato estatal? ¿Están dispuestos a amarrarse los pantalones o jugarán también a dejar hacer para no asumir costos políticos? Si pretenden ser el presidente de los salvadoreños esta es una de las preguntas que deben contestar.

Nota a los lectores. Algunos de ustedes me han reclamado por no subir sus comentarios. Los subo casi todos, y cuando no lo hago es por una de dos razones: insultos a terceras personas o porque considero que, por los tintes evidentemente ideológicos -de izquierda o derecha-, un comentario no aporta en nada al debate de altura. Sobre el hijo de Rodolfo Párker, lo siguiente: ¿No creen que hay cosas más importantes de las que hablar? ¿No es más importante elaborar periodísticamente sobre los usos políticos del señor Párker que sobre los destinos de su hijo?

Víctor Rivera, un emblemático policía venezolano que asesoró a gobiernos democristianos y areneros en El Salvador, saltó a la palestra pública en el país cuando un grupo de reporteros ventiló lo vínculos con la viciada investigación alrededor del asesinato del joven Adriano Vilanova, un estudiante de clase media que murió tras la paliza que le propinaron policías destacados en Panchimalco. Las referencias a Rivera, conocido en el mundillo policial como Zacarías, estuvieron plagadas en este caso de oscuros señalamientos por la manipulación de las pesquisas para encubrir a los agentes asesinos. Tampoco se aclaró, nunca, su verdadero rol en el famoso caso secuestros, un megaexpediente judicial que reunió varios casos de plagio (Suster, Salume, Sol Bang). No pasó mucho tiempo tras la condena a los policías de Panchimalco por el asesinato de Vilanova antes de que las autoridades salvadoreñas, en aquellos tiempos encabezadas por Hugo Barrera –ex ministro de Seguridad y reciente precandidato a la presidencia–, renegaran de él y sepultaran al “útil” asesor en los cajones más oscuros del sistema.

Ayer, en la zona 15 de ciudad Guatemala, Zacarías fue ejecutado. Interesante tema cuando se relacionan los hechos previos al asesinato:

1. Zacarías volvió a las primeras planas salvadoreñas a principios de 2007 cuando los colegas de Guatemala informaron que el venezolano, entonces asesor del gobierno de Óscar Berger, era el jefe investigador en el caso de los tres parlamentarios y el motorista salvadoreños asesinados en tierras chapinas. Los familiares de los deudos, y funcionarios de Seguridad Pública, renegaron de la presencia de Zacarías en la investigación.

2. El venezolano, aun en los primeros días de la administración de Álvaro Colom, investigó la red de Manuel Castillo, el alcalde-narco de Jutiapa implicado con el caso de los diputados.

3. En el interín, el nombre Víctor Rivera volvió a sonar en la investigación por el robo de $8,000,000 en el aeropuerto guatemalteco. Medios de prensa chapines manejaron versiones que implicaban a Zacarías en el asunto.

4. Hace poco menos de una semana, el presidente Colom despachó a Zacarías; lo despidió. La causa, según dijo el mandatario, fue que el grupo del venezolano –una especie de unidad élite de investigación formada por siete agentes– era “demasiado independiente”.

5. Todo ocurre en un contexto centroamericano marcado por eventos que hablan, otra vez y ahora con bastante claridad, sobre la infiltración del narco en las instituciones nacionales.

Ayer, durante los contactos que tuvimos desde la redacción con periodistas guatemaltecos adelantamos algunas de las hipótesis que en aquel país se movían alrededor del tema: ejecución ordenada por narcos tras la investigación que Zacarías dirigió contra Manuel Castillo, alias Manolito; vendettas relacionadas con el robo en La Aurora e, incluso, relación del crimen con un ex candidato presidencial guatemalteco con el que Rivera tenía malas vibras. Queda tela que cortar. Mucha. Y esto habla otra vez del inmenso peligro de que el crimen organizado nos esté viendo de reojo desde muy cerca.

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El periodismo y la campaña

Oigo o leo a muchos analistas políticos –¿quién les puso el mote?– hablando sobre la labor de los grandes medios de comunicación en campaña política. Y oigo diversas opiniones de mis colegas sobre el tema: desde los más sensatas, que suelen provenir de quienes llevan años ya en esto y elaboran con mucha inteligencia sobre los retos de nuestro día a día, hasta las más trasnochadas, que pretenden esconder entre vericuetos retóricos que apelan a la libertad de prensa evidentes simpatías por izquierdas o derechas.

Me detengo en esto de las filias y las fobias partidarias para ilustrar. Hay, porque los hay aún en las redacciones, quienes, partiendo de torcidos sofismas, entienden que la justicia es un valor atribuible solo a la izquierda política y luego, al apelar al valor de la justicia editorial como algo intrínseco al oficio de informar, terminan concluyendo que las elaboraciones construidas sobre las banderas que las izquierdas se autoasignan en la tribuna pública son más cercanas a los valores que pregonan los manuales de ética del periodismo dictados por las universidades. Error. La izquierda, como la derecha, se dicen depositarias de valores universales, pero sus reales prácticas políticas en el escenario salvadoreño rebosan por igual de todos los antivalores inmaginables. Y, para lo que nos atañe, el valor de la justicia editorial debe partir, solo, de la buena práctica periodística, de la más básica: balance de fuentes, la duda intrínseca, el escepticismo ante el panfleto, el alejamiento indispensable de la ideología, por decir cuatro.

Y también están los periodistas que se esconden bajo un macabro pragmatismo para justificar censuras o malas prácticas diarias. En este último escenario son típicos los usos burdos de frases sacadas de contexto para ilustrar ideas editoriales que el periodista, el editor o el medio quieren destacar sobre algún político, candidato o partido. Este es el mundo de las verdades a medias o las mentiras a tres cuartos. En estos casos, la influencia, creo, viene más desde las derechas políticas de nuestro país, las cuales suelen apelar a ideas generales, como el “bien público” o la “idea país”, para evadir preguntas incómodas. Y, en estos casos, lo más triste es que los periodistas hacen las preguntas, pero se conforman con la respuesta que, de entrada, saben falsa (¿Ejemplo? “Todo ha sido transparente”). O terminan comprando las excusas que les venden en los despachos o en los off the records (“La gobernabilidad requiere a veces de prácticas complicadas”).

Estos pecados periodísticos, que no son nimios, suelen agravarse en campañas políticas, y en su esencia están, además de las malas intenciones de algunas fuentes, la arrogancia tan propia de nuestro oficio, esa que nos impide entender cómo nuestras propias limitaciones intelectuales y académicas terminan por cegarnos ante la realidad o la manipulación de los informantes interesados.

Los retos en campaña, digo, no son pocos. El primero es, creo, terminar de entender nuestras limitaciones –y empezar a superarlas–  antes de creernos los actores políticos de la obra. Somos actores políticos, sí, pero en el sentido griego del término, es decir, debemos entendernos, periodistas, como ciudadanos que desempeñan un rol específico en la sociedad y en esta coyuntura electoral. Desde mi perspectiva, es uno el rol básico que nos toca desempeñar, el de informadores. Debemos, primero, informar sobre lo que cada partido y candidato propone para gobernar. (Por eso me causó gran satisfacción como el equipo político de esta redacción puso la pauta a los tres precandidatos areneros para que hablaran de temas importantes, como el financiemiento del Estado, la debilidad concertadora de la fracción legislativa o la necesidad de desideologizar la política. Fue ese equipo el que puso pauta en la discusión; el resto de medios siguió y el país ganó en propuestas. Lo  mismo toca para la entrevista de salida de Mauricio Funes: fue LA PRENSA GRÁFICA, en una entrevista de cinco páginas, la que expuso las primeras ideas de este candidato). Otra función, importante también, es la que apela a nuestro nombre: somos mediadores. Ya está hecha, por eso, una invitación desde este periódico, del puño y letra de su presidente, para que los candidatos debatan y propongan.

Siempre que entendamos para qué estamos, y logremos sacudirnos todos los tufillos ideológicos y utilitarios, los periodistas seguiremos siendo indispensables en campañas políticas. Ahora más que nunca.

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Cartel del Golfo en el país

Lo que sucede a estas horas en Oriente podría ser el operativo contra el narco más importante de los últimos años en el país. Hasta ahora, y luego de los decomisos realizados en las bodegas San Jorge hace una década, la acción de las autoridades antinarcóticos  se había limitado en la práctica a capturar las narcolanchas que la vigilancia estodounidense en el Pacífico tiraba hasta nuestras costas. Así cuenta El Salvador, en kilogramos y con mucho esfuerzo, los decomisos de coca. Aunque el Departamento de Estado en Washington lleva lustros insistiendo en que por la Panamericana pasa la droga, en furgones; y que también entra por Acajutla; y por el Golfo de Fonseca.

Pues bien, el martes pasado, al cierre de la edición que circuló el miércoles 12 de marzo y de este post, en Santa Rosa de Lima, San Miguel y San Salvador seguía un curso el operativo contra la red de Reiniero de Jesús Flores, un salvadoreño al que la Interpol y la PNC ubican como operario del cartel de Golfo en El Salvador. Entiendo, por lo que platiqué ayer con una persona muy cercana a la investigación, que este asunto llega hasta Nicaragua y Costa Rica, donde Flores, según dijeron fuentes judiciales ayer a uno de nuestros reporteros, utilizó una solvencia expedida desde un despacho de la mismísima Corte Suprema de Justicia para que las autoridades ticas le devolvieran un furgón que le habían decomisado. Ayer, de hecho, la PNC detuvo a un colaborador jurídico de la Corte –miembro del equipo que se supone investiga a los juices–, por sospechas de colaborar con los supuestos narcos.

El operativo, que ha involucrado al menos a cuatro divisiones especializadas de la Policía y a fiscales del oriente y de la central, ocurre a pocos días de que Charles Glazer, embajador de Estados Unidos, reiteró el malestar de Washington por la corrupción incrustada en la judicatura. Y ocurre el mismo día que el Departamento de Estado, en el informe sobre derechos humanos que publicó ayer en http://www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/2007/100639.htm, repitiera la consabida frase: “El sistema judicial (salvadoreño) sufre de ineficiencia y corrupción”. ¿Casualidad? No sé. Lo cierto es que en el operativo de Oriente ha salido implicado un colaborador judicial del máximo tribunal, ese al que le llueven críticas de todos lados desde hace años, y ese en el que los políticos salvadoreños, en sus malsanos afanes de marcar territorialidad para garantizar impunidad, mantienen desde hace años a los magistrados incapaces, ¿por facturas pendientes?, de sanear la judicatura. No es poca cosa que haya corrupción en los pasillos de la Corte, y no es poca cosa que esta llegue hasta bandas de narcotráficantes. ¿Y no éramos nosotros, salvadoreños, los que pretendíamos mirar por encima del hombro a nuestros vecinos guatemaltecos cuando lo del asesinato de los diputados del PARLACEN? ¿No éramos nosotros los que nos llenábamos la boca diciendo que como Guatemala nunca? ¡Cuidado! La posible implicación de un empleado de la Corte Suprema con narcotraficantes o, más aún, la negligencia para corregir la reiterada “ineficiencia y corrupción”, son un síntoma inequívoco de “Estado fallido”, la fórmula que usó la ONU para calificar a Guatemala tras los asesinatos de los diputados.

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¿Y hoy que quieren las princesas?

Perdón si alguien percibe sexismo en el título. No es mi intención. Solo recurro al verso para referirme, otra vez, a los desmanes de los transportistas públicos y del Viceministerio de Transporte. ¿Qué quieren estos señores transportistas? ¿Que les paguemos más por el servicio que nunca mejoran? ¿Y el VMT (el Ejecutivo más bien, porque esto requiere de la voluntad política del presidente de la república)? ¿Qué espera para amarrarse el cincho y tomar medidas de choque para mejorar el servicio?

Les cuento, para el caso, la discusión que tuvimos este día en la Redacción al analizar lo que habíamos publicado sobre la protesta que impulsaron las gremiales dirigidas por Rodrigo Contreas Teos, ex candidato a alcalde capitalino por el PDC, y Genaro Ramírez, ex candidato a vicepresidente por el PCN.

El lunes, día de la protesta busera, pedí al editor encargado que se concentrara en los afectados, los miles de salvadoreños que utilizan el servicio público de transporte para contar esta historia. La razón de esto es sencilla: me pareció más informativo e interesante hacer saber, a través del periódico, sobre la afectación al ciudadano que servir de caja de resonancia a las increíbles demandas de los transportistas o a los balbuceos de la autoridad.

Cuando evaluamos el periódico, hoy martes, coincidí con la editora que realizó el examen del día en que nos faltó poner un poco más de contexto a la historia de Vilma Rubidia de Chávez, una salvadoreña de 28 años que no pudo llegar al Primero de Mayo del ISSS por la marcha de transportistas. La nota explica muy bien cómo Rubidia perdió una cita importantísima para tratarse un problema de quistes, pero no termina de cuajar para explicar como la suma de intereses particulares como el de ella conforman eso que la politología conoce como interés colectivo o ciudadano. Sin embargo, creo que la entrega sí cumple con el objetivo de llamar la atención sobre la afectación que un gremio particular, el de los transportistas, continúa provocando a la ciudadanía en ese afán mezquino de asegurarse, vía decreto y en complicidad con las autoiradades, el negocio de sus vidas: uno que atiende una necesidad social basado en el subsidio gubernamental y en el que no hay ningún interés por la atención al cliente.

¿Qué quieren ahora estos señores?, pregunto en el título Más facilidades para operar sin riesgos financieros. ¿Y qué ofrecen a cambio? NADA. Con mayúsculas. Cuando los veo en la tele los escucho elaborar, a la defensiva, en contra de las autoridades, pero nunca los escucho hablar en serio sobre lo que harán para, al menos, salir de la ilegalidad en el caso de permisos irregulares o tarjetas vencidas; tampoco los escucho elaborar con decencia sobre cómo harán para mejorar la pésima atención al público, que en el mejor de los casos tiene que ver con malos tratos verbales y, en el peor, con homicidios culposos.

Alegan los transportistas esta vez que el Gobierno les juega sucio al permitir la circulación de competidores que no cuentan con todos los permisos. ¿Y no será, como dijo un ciudadano de Quezaltepeque entrevistado por un canal el lunes anterior, que el servicio de los “legales” es tan malo e irregular que a los ciudadanos les sale mejor andar en micros piratas o en picachos?

¿Y qué espera el Ejecutivo? Es cierto que ya esta administración entró en recta final, por lo que quizá será mejor idea preguntarles a los candidatos si tienen algún plan coherente al respecto. En esto, como en muchos otros males, se trata de voluntad política, de asumir riesgos electorales y despegarse de socios indeseables para resolverle los problemas a salvadoreños/as como Rubidia. Todo lo demás es cháchara, de esa que suele escucharse en el Palacio Legislativo en las cada vez más vanas plenarias (y nos faltan 14 meses de campaña. ¡Por Dios!).

Ni subsidios. Ni prórrogas. Ni tratos debajo de la mesa. Lo que hace falta es menos cinismo del lado busero y más pantalones del Ejecutivo. Ah sí, doña Rubidia, lo que a usted y al resto nos hará falta es estoicismo… paciencia…

ARENA y su terna final han acaparado la atención en las últimas 48 horas. Pero los primeros días de esta semana, como los últimos de la anterior, han dado para mucho más. Empiezo por comentarles y preguntarles por notas que hemos publicado, las cuales no han sido portada del periódico, pero son fundamentales porque siguen hablando de las deudas que aún tenemos como sociedad.

- El arresto de Rafael Ernesto Alas Gudiel, jefe jurídico de la Policía, por chocar un vehículo institucional cuando manejaba borracho. El caso de este Alas Gudiel parece, por muchas cosas, una desagradable repetición del de su hermano Alberto, quien era jefe de la unidad antinarcotráfico en 2005, cuando también se accidentó borracho; Alberto, además, portaba un arma sin permiso. En ambos casos las autoridades han sido, por decir lo menos, permisivas. A Alberto lo persiguió la policía y lo arrestó, pero una de sus colegas en la fiscalía llegó a interceder por él y logró que lo liberaran,. A Rafael la policía le abrió un proceso interno y le exigió que pague el carro, pero la fiscalía, siguiendo el guión anterior, se aseguró de pedir libertad condicional. Eso se llama, otra vez, impunidad. ¿Con qué moral, señores fiscales y policías, podrán pedir luego toda la dureza de la ley para microbuseros borrachos o jueces corruptos?

- La negociación con Europa, cuya segunda ronda se desarrolla en Bruselas, también es una historia importante a la que LPG ha dado seguimiento desde el lunes pasado. Habla, esta historia, de tareas pendientes. Este día reportamos, por ejemplo, que la Unión ha vuelto a advertir a El Salvador con sacarlo de los beneficios que implica el sistema de preferencias arancelarias llamado SGP plus. Esto, en términos simples, implicaría que un buen número de exportadores salvadoreños perderían el negocio. Lo que los europeos reclaman es que la Corte Suprema de Justicia haya declarado ilegal el convenio internacional que permite la sindicalización. Está claro que el tema tiene muchos ribetes, pero también está claro que el país aún no hace todas sus tareas diplomáticas.

- La terna de ARENA. Las llamadas llegaron el domingo pasado en la noche. “Dicen que Pancho (Laínez) va fuera. Que el Coena adelantará todo. Que el asunto se decide mañana”. Todo era en voz baja, en “off the record”, para citar sin nombre. A esa hora, la decisión editorial era clara: a explorar el lunes con las fuentes areneras de qué se trataba el movimiento. Lo único cierto, el domingo, era que todos los acomodos sordos de apoyos y la multitud de pulsos librados en el seno de ARENA estaban a punto de dar otro episodio noticioso interesante, como el que habían dado, días antes, las declaraciones de Armando Calderón Sol, quien pidió participación directa de los ex presidentes en el proceso interno y se unió a la voz de Roberto Murray Meza para pedir al COENA que no cargue los dados en el proceso. Hoy, con la terna dada, “empieza otro partido de fútbol”, como me dijo uno de los precandidatos. Cada uno tratará, a partir de ahora, de reunir los apoyos que no tiene: Ávila los de los empresarios; De Escobar, los de la estructura partidaria; y Rodríguez, un poco de ambos. Las encuestas favorecen a los dos primeros.

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Cuatro cosas que no entiendo

1. ¿Por qué aún el VMT baraja la posibilidad de dar otra prórroga a los buseros?
A la Asamblea Legislativa le costó un rato decidir, por clientelismos políticos ha quedado claro, no dar más prórroga a los buseros. Después de años de discutir a gritos para en realidad no decir nada, los diputados parieron el tardío decreto que obliga a los buseros a cumplir requisitos básicos de ley para funcionar, como tener en orden sus tarjetas de circulación y sus permisos de línea. En realidad, solo le dijeron al gremio que, como el resto de mortales, estaban obligados a cumplir la ley. Vino luego el nuevo subsidio de diésel a través de un impuesto a las gasolinas que pagamos todos los otros conductores que no poseemos buses . Y vino otro empujón para que los transportistas cumplieran las leyes que los diputados ya les habían exigido cumplir, pero que, por aquello de los olvidos, los buseros aún no cumplían: muchos seguían sin tarjetas de circulación. La semana pasada, LA PRENSA GRÁFICA publicó copia de un proyecto de decreto ejecutivo que, otra vez, daba prórroga a los buseros para no cumplir la ley. ¿Los argumentos? Los de siempre: que necesitan más tiempo, que hoy si se ordenan y que, como prestan un servicio público, pues hay que darles chance. Ah sí, y mientras ellos se ordenan, nosotros seguimos pagando el impuesto que los subsidia. ¿Por qué, señor viceministro de Transporte?

2. ¿Por qué los condenados por delitos de cuello blanco van a las bartolinas de la DAN y el resto al maltrecho sistema penitenciario?
No lo entiendo. Centros Penales y la Policía dicen que es imposible garantizar la vida a Carlos Perla, Sabas Arias, Mario Orellana o Mario Osorto. Ya es grave que las autoridades repitan, una y otra vez, que no pueden garantizar la vida de una persona en una cárcel. Y es grave por lo que la frase tiene de repetición, y de revelación: las autoridades no controlan  a los que viven en los penales, que desde ahí dan órdenes para delinquir (no lo digo yo, lo reiteró el FBI en una entrevista que nuestro corresponsal en Washington publicó la semana pasada). Pregunto. ¿Por qué Osorto, Perla, Arias no van al penal de máxima seguridad en Zacatecoluca? ¿O ahí tampoco hay garantías de vida?

3. ¿Por qué nadie explica la estructura de precios del diésel que vende Alba petróleos en El Salvador?
El Frente dice que no es “manipulable” y que no tiene que dar cuentas públicas porque ninguna otra empresa lo hace. El colega William Meléndez, en su entrevista de ayer, martes 12 de febrero, repreguntó al diputado efemelenista que esgrimió en el programa el segundo argumento: ¿No es diferente el caso de una empresa privada que el de una empresa mixta, que funciona en este caso con fondos públicos?, interrogó Meléndez. El diputado no contestó; solo insistió en que, según él, la rendición de cuentas no es necesaria en este caso. ¿Cómo es eso? ¿Pedir transparencia en la financiación de partidos a través de una iniciativa de ley pero no practicarla cuando alguien pide cuentas por el uso de fondos municipales? El Ejecutivo, por su lado, asegura que su principal sospecha es que el diésel es la herramienta con la que, se supone, Venezuela financia al FMLN; el problema es que los analistas de Economía no alcanzan a decir cómo. Deberían saberlo, ¿o no?

4.      ¿Por qué el alcalde de Jucuarán es prófugo de la justicia?
Es como una macabra repetición de la fuga del diputado Roberto Carlos Silva. En los dos casos había orden de captura, pero la lentitud –¿o malicia?– de los  tribunales de segunda instancia encargados impidió que los arrestos se hicieran efectivos. Silva está acusado de corrupción y sigue, en una cárcel de Estados Unidos, esperando seis meses después un proceso de deportación que la autoridad salvadoreña alguna vez dijo sería muy rápido. (Ah sí, Silva está en EUA porque de aquí se escapó). Y Simón Cruz, en edil jucuaranense, es prófugo porque nadie la avisó a la policía que debía capturarlo. ¿Me lo explica alguien, por favor? ¿A ustedes se les ocurre una respuesta?

ACTUALIZACIÓN A LAS 10:15 A.M. DEL JUEVES 7 DE FEBRERO

Pocos comentarios al tema de Venezuela y su posible relación con fondos de Chávez. ¿Será que solo me contestan los más identificados ideológicamente con la izquierda? La discusión interna, en la redacción, ha tomado rumbos interesantes respecto a este tema. El más oportuno, creo yo, tiene que ver con el financiamiento de los partidos políticos. Ya hay propuestas de ley en la Asamblea, pero no han prosperado, igual que otras reformas electorales a las que los partidos dicen apoyar cuando es políticamente rentable, pero a las que al final mandan al archivo. Otras preguntas que han surgido: ¿Cómo funciona el esquema de precios de Alba Petróleos? ¿Qué relación tiene esto con los fondos que manejan las alcaldías socias, todas administradas por el FMLN? ¿Qué otros gobiernos extranjeros apoyan a partidos salvadoreños? ¿Taiwán? Y, la que a mí me inquieta más, y espero responder este mismo día: ¿Será la plenaria de hoy otro mercado de insultos sin trascendencia antes que una discusión seria sobre el dinero que reciben los partidos políticos salvadoreños?

La primera alerta noticiosa llegó de un editor que, a través del chat, me avisó que la agencia francesa AFP recogía en un pequeño cable informativo el reporte que la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) de Estados Unidos envió este día al Senado. En cuya página 35 del documento se lee: “Prevemos que Chávez proveerá un financiamiento generoso a la campaña del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en su intento por asegurar la presidencia en 2009.”

Lo más relevante del informe, colgado en el sitio web del DNI (http://www.dni.gov/testimonies/20080205_testimony.pdf), es el título: “Reporte anual sobre amenazas …” Por primera vez, la inteligencia estadounidense incluye con amplitud, a la par de temas como la expansión de Al Qaeda o la advertancia por la retórica antiestadounidense de Irán, una larga descripción de sus temores por la influencia de la órbita chavista en Suramérica y Centroamérica, y lo describe como amenaza a su seguridad nacional.

Más que los datos concretos sobre el financiamiento que prevé la inteligencia norteamericana –la referencia al FMLN se reduce a las tres líneas citadas en el primer párrafo–, el valor noticioso de esta información radicará en la importancia política que el Senado de Estados Unidos le otorgue al informe del DNI y, por supuesto, en el tipo de reacciones que generará en El Salvador y en Washington. Habrá que esperar, por ejemplo, los comentarios de la embajada en San Salvador: entre líneas se podrá leer, quizá, el primer mensaje político de la sede diplomática respecto a la presidencial salvadoreña.

Y habrá que esperar, además, la reacción reposada del Frente y su candidato. Creo que este informe obligará a los efemelenistas a definirse sobre el tema Chávez. Es una decisión política muy complicada para ellos, tanto que hasta ahora partido y candidato han tratado el tema con cautela por la evidente diferencia de enfoques. La cúpula, está claro, comparte con Chávez, lo enlista como aliado y símbolo –piensen en la gorrita del alcalde de Soyapango o en la presencia de miembros de la comisión política en aquella histórica conferencia en que el teniente coronel reconoció su derrota en el referedum constitucional. El candidato, hasta ahora, no es contundente al respecto. Interesante.

Nuestras fuentes nos dicen que, aquí, nadie esperaba la bomba, por lo que preveo que el resto de la semana será movida en este tema.

DE LA SELECCIÓN. La absoluta (¿aplica esto para nuestro combinado nacional?) juega hoy en medio de dudas como siempre. No, perdón, con más dudas que antes. Les paso un par de titulares de las notas que escribieron ayer las agencias internacionales, para que vean lo mal que nos ven: “El Salvador marcado por escasa preparación se enfrenta a Anguila”, titular la española EFE. “El Salvador obligado a ganar en debut ante Anguila”, resume la estadounidense AP. Lo de siempre. ¿o no?

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