Abr 29, 2008
LOS PERRONES:Historia de una investigación periodística
Empezamos la investigación alrededor de la banda migueleña Los Perrones hace casi medio año. Desde entonces, un equipo de periodistas siguió varias pistas que, en un inicio, eran solo eso, indicios. Preguntamos a multitud de fuentes en la mayoría de instituciones relacionadas con la persecución del delito en el país. Unos intentaron despistarnos, otros no nos dieron importancia y algunos, los menos, entendieron la importancia de que un caso tan trascendental conociera la luz pública por las implicaciones nacionales que tiene. El de Los Perrones no es un show propagandístico de las autoridades, no es un caso de poca monta; es, como dijo el fin de semana pasado el fiscal general, un caso de “alcances nunca vistos” en la historia judicial salvadoreña.
En este periódico tuvimos indicios de esa trascendencia, como dije, hace casi medio año, cuando oficiales con los que habíamos trabado una sana relación fuente-periodista empezaron a confirmar cosas que supimos tras revisar una importante cantidad de archivos y expedientes judiciales, o de relacionar algunos casos que primero aparecieron aislados unos de otros.
Con los indicios en la mano nos metimos a la más complicada de la etapas en la investigación periodística: las confirmaciones. Publicamos, entre tanto, un seguimiento completo sobre las capturas y procesos judiciales del sargento Nelson Arriaza y del agente Carlos Chévez, a la postre relacionados con Los Perrones. En ese reporteo escuchamos con mucha fuerza sobre la existencia de un grupo de crimen organizado que se había enquistado en la institucionalidad migueleña. Cuando las unidades élite de la fiscalía dirigieron un operativo para intentar atrapar a Reynerio Flores Lazo, lo que sabíamos empezó a adquirir más cuerpo informativo. Las piezas del rompecabezas estaban sobre la mesa; faltaba unirlas.
El momento más importante ocurrió cuando supimos que la Fiscalía estaba lista para efectuar la captura de un tercer empresario migueleño asociado a la banda: los fiscales habían decidido ir hasta las entrañas mismas del consorcio. En ese momento ya teníamos bastante claro cómo funcionaba la estructura criminal y sabíamos del alcance que había tenido la penetración que Los Perrones lograron en la policía, órgano judicial y otras instituciones públicas migueleñas. Teníamos confirmados nombres, relaciones y la participación de un agente y un jefe regional de la División Antinarcóticos. Las fuentes habían vuelto a decir, además, que “todo el sistema en San Miguel está infiltrado”. Era el momento de publicar. Lo hicimos.
Un día después, el fiscal Félix Safie confirmó en conferencia de prensa los alcances del tema. Él ha sido, hasta ahora, el único funcionario público que ha dado la cara. También el inspector general de la Policía. Ni el director de la PNC ni autoridad alguna de Seguridad Pública ni el Órgano Judicial han dicho esta boca es mía. Si el fiscal general habla de un caso con “alcances nunca vistos”, es muy grave que la máxima autoridad guarde silencio. Estamos esperando respuestas. La única que hemos obtenido hasta ahora es la del viceministro de Seguridad, quien se mostró molesto por algunas preguntas y recurrió a una fórmula bastante falaz para contestarnos: “los periodistas nos precipitan a dar información que no tenemos y nos arruinan las investigaciones”. No. Los periodistas, muchas veces, publicamos información que, si dependiera de las autoridades, nunca sería pública.
El de Los Perrones es un caso que revela infiltración del narcotráfico en la institucionalidad pública (¿y nos jactamos de no ser como Guatemala?). De eso hay que hablar. ¿Qué opinan los blogueros?