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Macho sin dueño

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Esto no puede suceder en el Estado soberano de El Salvador, cuando la soberanía reside en el pueblo y cuando el servidor público está obligado a hacer expresamente lo que establece la ley.

12 de Abril de 2013 a la(s) 6:0 / Sandra de Barraza

El Salvador es un Estado soberano, dice la Constitución. Y agrega que la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce en la forma prescrita y dentro de los límites que establece la misma Constitución. El concepto soberanía está estrechamente vinculado al poder político, ese poder político público, tal como lo afirma la Constitución, emana única y exclusivamente del pueblo. Esto que se escribe fácil y en pocas palabras; esto que en los diferentes diccionarios aparece vinculado al poder es lo que debemos internalizar todos los ciudadanos del país.

Internalizarlo y apropiarlo es requisito para que funcione la soberanía dentro de nuestro Estado. Y esto exige educación. Educación porque los funcionarios públicos, todos esos a quienes periódicamente elegimos para que ocupen cargos públicos, tengan seguridad de por vida, buenos salarios, viajes, gasolina para asuntos oficiales, familiares y personales y mucho más. Son electos para que estén al servicio del Estado y al servicio del pueblo. Y en este servicio están obligados a cumplir y hacer cumplir la ley. Y en este ejercicio de servidor público están obligados a conocer, reconocer y respetar la forma de gobierno.

Servidores públicos son todos aquellos electos para cargos públicos que requieren capacidad, competencia, honradez evidente y comprobada; atributos que se traducen en visión y capacidad de negociación, conducción estratégica y gerencial; que se traducen en resultados concretos, visibles, comprobables y comparables; y que demuestran la utilización racional y eficaz de recursos limitados. Que se traducen en un sentimiento reconocido de bienestar y satisfacción colectiva y común en todos los órdenes de la vida. Y esto es precisamente lo que tanta falta hace.

Y sucede así con servidores públicos de elección popular y también con servidores públicos de elección técnico/administrativa. Allí están. Los primeros sorprendiéndonos siempre por la ignorancia que tienen sobre el funcionamiento y las exigencias que tiene un sistema de gobierno republicano y el poco respeto al marco legal. Los segundos, sorprendiéndonos por la falta de transparencia para comprobar el mérito y la competencia profesionales, sorprendiéndonos por la burocratización, sorpendiéndonos por las implicaciones del amiguismo y el compadrazgo.

El respeto al sistema de gobierno demanda conocimiento, apropiación y respeto a la obligada separación de poderes entre los tres órganos fundamentales. Destaco la primera exigencia, la de conocimiento de las atribuciones y exigencias en cada uno de los órganos y su estructura administrativa, porque, tal como lo establece la Constitución de la República, las atribuciones son indelegables. Cada órgano tiene lo suyo y propio y lo debe ejecutar con las facultades que otorga la ley. Hay leyes y reglamentos que norman el quehacer, allí están, pero hay que leerlos, hay que entenderlos y hay que aplicarlos.

No hay duda que vivimos un momento de rápida evolución en las instituciones. Y digo rápida porque la tradición político/administrativa se identifica con el título de la columna. Macho sin dueño se le dice popularmente a toda persona que quiere hacer lo que le da la gana, cuando se le da la gana; se le dice así, cuando irrespeta cualquier relación y cualquier norma; se le califica así, cuando hace y deshace según sea su antojo. Pero esto no puede y no debe suceder dentro de la política institucional del sector público. Esto no puede suceder en el Estado soberano de El Salvador, cuando la soberanía reside en el pueblo y cuando el servidor público está obligado a hacer expresamente lo que establece la ley.

Estamos viviendo evolución acelerada en las instituciones, los ciudadanos nos hemos ido apropiando del derecho y la obligación que establece la Constitución de la República y nos hemos ido interesando en el derecho administrativo. Interesa que hagan su trabajo y que lo hagan bien. Y para esto, el sistema de control y el sentido de oportunidad son fundamentales. Y esto no les gusta a los de la Asamblea Legislativa, quienes están acostumbrados a tomar decisiones trascendentales en la oscuridad de la noche. Acostumbrados a tomar decisiones para mantener su poder y negárselo al pueblo llevan y traen acusaciones de usurpación de “poderes”. ¡Lean, por favor!

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