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Acrocordones o fibromas blandos del cuello

Escrito por Dra. Anett Mejía de Calderón Dermatóloga pediatra Clínica: 2257-9584
Domingo, 07 diciembre 2008 00:00
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Una de las consultas más frecuentes son las entidades conocidas como acrocordones, fibromas blandos del cuello, o papilomas cutáneos, y muchas personas los confunden con otro tipo de verrugas. Usualmente inician en la etapa de adolescentes o de edad adulta con un predominio ligero sobre el sexo masculino.

Se caracteriza por ser una lesión benigna, pediculada con base fina o gruesa, que puede ser del color de la piel o ser de color café oscuro. Tiene el aspecto de forma saliente o colgante de piel y suelen medir de un hasta 10 milímetros.

Los acrocordones pueden verse en cualquier parte del cuerpo y más frecuentemente suelen encontrarse en sitios de pliegues cutáneos, principalmente el cuello, pero también pueden verse en otras zonas, como las axilas, los párpados especialmente el superior inferior, a los senos o ingles.

Cuando se encuentran en sitios menos comunes tales como las regiones preauriculares o perianales es obligatorio descartar enfermedad sistémica. Reportes de malignidad a partir de estas lesiones son extremadamente raros.

A pesar de ser una enfermedad muy frecuente no se conoce su causa y pese a que varía de persona a persona su aspecto, suelen ser irregulares o de superficie rugosa o lisa. Al inicio pueden verse aplanados y de forma circular sobre la piel, para después aumentar de tamaño de forma péndula muy pequeños, pero pueden llegar a crecer hasta el tamaño de una uva.

Suelen ser asintomáticos, aunque cuando se encuentran en sitios de roce pueden dar dolor, inflamarse o irritarse, e incluso sangrar después de algún trauma. Tienen una forma redonda u ovalada y la mayoría de personas muestran varias lesiones.

Se ha descrito que casi la mitad de las poblaciones tienen acrocordones. Son adquiridos y hay tendencia a un aumento de número a medida pasan los años en una prevalencia hasta los 60 años.

Si se produce torsión de los acrocordones, resulta en la autoamputación de estos.

Cuando los acrocordones son de localización preauricular se han asociado a anomalías embrionarias del primer arco branquial por lo cual es mandatario una ultrasonografía de tejidos blandos para evaluar la extensión de estos y de la zona.

Si se encuentran en una región perianal también hay que descartar pólipos gastrointestinales asociados. Elevaciones hormonales como las vistas durante el embarazo pueden generar un aumento de los acrocordones tanto en número como en tamaño.

El diagnóstico suele ser clínico y el tratamiento para la persona que estéticamente desea removérselos es sin mayor complicación. Pueden eliminarse localmente con electrodesecación o por congelamiento, que es una técnica también utilizada para remover verrugas vulgares pero utilizando pinzas especiales de criocirugía, entre otros.

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