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El rey Juan Carlos de España ofreció ayer disculpas públicas por el viaje que realizó a África para cazar elefantes, en un gesto sin precedentes del monarca para limpiar su imagen y la de la corona.
Lo siento mucho, me he equivocado. No volverá a ocurrir, dijo, ayudándose de muletas para caminar, en una escueta declaración a los medios de comunicación tras abandonar el hospital en el que permanecía ingresado desde el sábado.
El rey recibió el alta hospitalaria tras recuperarse de la operación de cadera a la que tuvo que ser sometido tras un accidente mientras cazaba elefantes en Botsuana, en el sur de África.
El viaje generó una enorme polémica en la opinión pública, medios de comunicación y representantes políticos, que censuraron la actitud de Juan Carlos en un momento de grave crisis económica como el que atraviesa el país ibérico.
El incidente de Botsuana fue el último de una lista negra de acontecimientos recientes que han dilapidado la imagen de la monarquía. El yerno del rey, Iñaki Urdangarín, es investigado por aprovechar presuntamente su posición para desviar millones de dólares a paraísos fiscales. Además, el nieto mayor de los monarcas permaneció varios días hospitalizado tras dispararse accidentalmente en el pie derecho hace dos semanas.
Ningún líder político o de opinión importante ha llegado al grado de pedir la abdicación del rey en su hijo, el príncipe de Asturias. Pero por primera vez se escucharon voces sugiriendo que el monarca debería cuidar las formas.
Medios digitales hablan sin tapujos en la red de una presunta amiga del monarca, la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, quien habría participado también en el polémico viaje a Botsuana.