Estimada María:
Soy un hombre de 35 años comprometido para casarme con una colega con quien estoy seguro de formar una unión estable dado que tenemos iguales intereses profesionales. Pero el caso es que cuando estaba comenzando mi carrera conocí a una joven que significó todo en mi vida sentimental y de la que me separé porque no acepté nunca que hubiera querido a otro aunque eso fuera antes de conocernos. Para los dos la separación fue como una tragedia pero yo me fui por un tiempo a otro país y puedo decir que la lejanía es una cura para las tristezas del corazón. Como conozco donde vive siento por ratos la tentación de ir a verla, pero la verdad es que no sé con que pretexto voy a llegar a su casa y tampoco sé que impresión va a causarle mi visita. Usted parece tener un gran conocimiento de esta clase de cosas señora María, ¿qué piensa que debo hacer?
Lector asiduo de Cartas a María.
Estimado lector:
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