Los oncólogos se ven obligados a administrar la terapia en ciclos; en ocasiones, esto podría ser clave para entender las recaídas.

Aunque sigue siendo el tratamiento estándar en la mayoría de tumores, la quimioterapia no es efectiva en el cien por ciento de los casos y los investigadores siguen intrigados por saber de qué manera son capaces las células malignas de desarrollar resistencias y dejar de responder. Y la clave, cada vez parece más claro, no está solo en las células malignas, sino también en el resto de las sanas que las rodean, explica ElMundo.es.

 

Si hace poco una investigación con participación española señalaba que las células sanas son capaces de emitir ciertos factores de crecimiento que el tumor necesita para persistir, en esta ocasión, un trabajo publicado en la revista Nature Medicine arroja nuevos resultados en esta línea.

En este caso, investigadores del centro Hutchinson del cáncer (en Washington, Estados Unidos) han observado que esas mismas células sanas “vecinas” del tumor son responsables en parte de la resistencia a la quimioterapia que acaba desarrollando la mayoría de tumores sólidos pasado cierto tiempo.

 

Como ellos mismos explican, la quimioterapia también afecta a las células sanas, por lo que los oncólogos se ven obligados a administrar la terapia en ciclos, permitiendo pequeños periodos de descanso entre unos y otros. Esos intervalos, argumentan, podrían ser claves para entender las recaídas y en ellos centraron su investigación.

 

Lo que ha observado el equipo dirigido por Peter Nelson es que el daño que sufre el ADN de las células sanas cuando recibe la quimioterapia hace que secreten una serie de factores de crecimiento que, a la larga, acaban convirtiéndose en aliados de las células tumorales.

 

Concretamente se fijaron en los fibroblastos, células que en condiciones normales son claves para mantener la estructura del tejido conectivo del organismo, pero que, a consecuencia de la quimioterapia, son capaces de producir un exceso de una proteína que facilita la resistencia a la “quimio”.

 

Estos hallazgos deberían servir para buscar, a partir de ahora, nuevos modos de bloquear este fenómeno.