La dificultad para que las autoridades intervengan en este tema se achaca a que la fe en estas prácticas forma parte de la cultura de la población, especialmente la de escasos recursos. Pero ¿por qué, pese a los incontables casos de mala praxis, que no suelen ser denunciados, persiste esta fe? La respuesta hay que buscarla en la propia ignorancia y el escaso nivel de conciencia de la población. En estas condiciones, a penas cabe el razonamiento, y la explicación a las cosas se fundamenta en el llamado pensamiento mágico; es decir, las cosas no suceden por un proceso natural, que tiene una explicación racional, sino que son obra de alguna forma de poder superior desconocido, benigno o maligno, pero mágico, sobrenatural.Si mágicas son las causas, mágicas tienen que ser las soluciones, por lo que las soluciones científicas, que son las que emplean los médicos, no tendrán mucha aceptación, tanto menos cuanto más simples sean. A fin de cuentas, el médico no es más que un humano, cuyo conocimiento no puede ser valorado por la ignorancia, y menos aún si su práctica no obedece a poderes ocultos, como la de los chamanes.