El embarazo molar
Escrito por Laura MolinaDomingo, 30 agosto 2009 00:00
El nombre médico es Enfermedad Gestacional del Trofoblasto (EGT). Trofoblasto es el nombre que se le da a la placenta, por lo tanto cuando hablamos de este problema nos referimos a una formación anómala de la placenta.
Cuando el óvulo y el espermatozoide se unen, ambos aportan su material genético. En algunos casos, esta información que dará vida a un nuevo ser humano puede tener anomalías que se traduzcan en malformaciones del feto. En la EGT, las anormalidades genéticas convierten a la placenta en un tumor.
La mayoría de las veces, este tumor que los médicos conocen como mola está solo, pero en otros casos está acompañado de un embrión que puede o no desarrollarse normalmente.
La doctora Gudelia Hernández Lazo, ginecóloga del Hospital 1.º de Mayo, explica que las mutaciones o anomalías genéticas que dan origen a la EGT provienen del espermatozoide.
Sin embargo, eso no significa que el hombre tenga dañados todos sus espermatozoides, sino que ese en particular que fertilizó al óvulo estaba defectuoso, aclara.
El embarazo molar se comporta como un embarazo normal ante los ojos de la mujer, pero existen señales que pueden advertirla para que visite al médico.
La EGT produce náuseas y vómitos más intensos de lo normal, el útero crece a mayor velocidad que en una gestación sana y puede haber sangrados, que es lo que suele alertar a la mayoría de pacientes que llegan con esta Enfermedad al Seguro Social, de acuerdo con la doctora Hernández.
La Enfermedad se diagnostica a través de ultrasonografía, en la que se puede visualizar la típica forma de la mola. También se hacen pruebas de sangre, en las que se identifica la Gonadotropina Coriónica Humana (HCG, por sus siglas en inglés), una hormona presente en todos los embarazos, pero que en el molar está en cantidades mayores.
Una vez el médico ha comprobado que se trata de EGT el tratamiento indicado e inmediato es un legrado, es decir, extraer el tumor del útero, asegurándose de que no quede residuo alguno.
Esto es importante, advierte la especialista, debido a que un sobrante de la mola significa riesgo de desarrollar un cáncer específico llamado coriocarcinoma.
“Un 25% de las mujeres desarrollarán cáncer y es muy agresivo”, asegura la doctora Hernández. Por esto mismo, además del legrado, el tratamiento incluye un monitoreo de la hormona HCG, que indicaría presencia de restos en el año posterior al embarazo molar, tiempo en el que la mujer no debe volver a quedar embarazada debido al peligro de desarrollar cáncer.
De embarazarse otra vez antes de finalizado ese tiempo, debe hacerse una revisión estricta de los niveles de la hormona hasta seis meses después del parto.
Asimismo, cuando una mujer ha tenido un embarazo molar, las posibilidades de volver a tener otro igual se triplican, en comparación de aquellas que nunca lo han padecido.
Las mujeres mayores de 40 años y las adolescentes con embarazo molar tienen más riesgo de desarrollar cáncer por esta causa. Si el embarazo sobrepasa las 16 semanas y los niveles de HCG son muy altos, se considera más peligroso.
Todos estos factores deben ser revisados por el médico, quien —en casos específicos— puede pedir el uso de quimioterapia para disminuir el tamaño del tumor antes de extraerlo. En la mayoría de embarazos molares, cuando se ha recibido atención médica, la mujer resulta sin secuelas fatales.
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El embarazo molar puede detectarse con una ultrasonografía de rutina a partir de la semana 12 de gestación. La mayoría de casos se descubren cuando la mujer experimenta un sangrado vaginal. Pero lo mejor es que sea antes, porque entre más pequeño está el tumor es más fácil extraerlo y menor el riesgo de cáncer.
No hay forma de prevenir la EGT, debido a que su origen está en anomalías genéticas del espermatozoide. Lo importante es conocerla para tomar medidas que ayuden a evitar sus efectos.
En las estadísticas mundiales sobresalen los países asiáticos por tener una incidencia mayor de embarazo molar. Lo más probable es que sea debido a su alimentación. Se asocia esta anomalía con la deficiencia de zinc. En América Latina, Perú es el país con más casos de esta enfermedad gestacional.
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