Los pacientes que acaban de sufrir un infarto agudo del miocardio o un ataque de angina de pecho deben asumir tres corresponsabilidades en cuanto a su cuidado bucal.

En primer lugar, deben mantener los buenos hábitos higiénicos. En segundo, deben informarle a su odontólogo lo referente al accidente cardiovascular que acaban de sufrir. Y tercero, tienen que seguir las instrucciones de su médico y su dentista en cuanto al uso o no de determinados medicamentos.

Un infarto agudo del miocardio es un accidente cardiovascular que pone en peligro la vida, no se trata de un resfriado común.

Los pacientes que han sufrido un infarto deben evitar todo de tipo de estrés y si tienen que ser tratados, sus citas deben hacerlas a primera hora de la mañana.

Si presenta dolor de pecho a los mínimos esfuerzos físicos, debe ser tratado con nitroglicerina de manera profiláctica. Nunca se deberá efectuar un tratamiento odontológico a un paciente con una crisis de angina inestable.

Tras un infarto, los procedimientos dentales deben evitarse al menos durante tres a ses meses si es posible. Solo se efectuarán procedimientos de urgencia y bajo anestesia local.

El tratamiento dental al provocar estrés y ansiedad puede ameritar el uso de sustancias destinadas a calmar la inquietud de manera profiláctica.

Los anestésicos locales que contienen adrenalina para aumentar la duración del efecto pueden desencadenar arritmias o extender el daño producido por el infarto; o bien, desencadenar un aumento de la presión arterial, poniendo en juego el estado vital del paciente que se recupera de un ataque cardíaco reciente.

El uso de adrenalina estaría contraindicado también en pacientes con hipertensión arterial con cifras mayores de 200 mmHg en la tensión arterial sistólica o 115 mmHg en la tensión arterial diastólica; además, enfermos con arritmias no controladas a pesar de terapia, angina inestable, infarto agudo del miocardio o accidente cerebrovascular dentro de los últimos seis meses.

Se recomienda que la concentración de adrenalina en los anestésicos no sea superior a 1:100,000 y el tratamiento con vasoconstrictores para limitar las hemorragias está proscrito.

Ya que a algunos de estos pacientes se les ha colocado un marcapaso o desfibrilador, hay que recordar que las energías electromagnéticas pueden afectar el normal funcionamiento de estos dispositivos.

Recordemos que los odontólogos cuentan con aparatos sofisticados como el ultrasonido, medidores del estado pulpar, localizadores electrónicos de ápice que según tengo entendido sirven para determinar la longitud del trabajo.

Para mayor seguridad del paciente, se recomienda efectuar el tratamiento en posición acostado y manteniendo los equipos electrónicos alejados al menos 50 cm del marcapaso.

Es recomendable que el odontólogo cuente con un imán en su clínica, ya que si se desprograma el marcapaso, bastará con aplicar el imán sobre el generador del mismo para que este comience a lanzar estímulos a intervalos regulares. Esto sucede sobre todo en los marcapasos que no son de última generación. Es importante proporcionar al dentista el nombre y teléfono del cardiólogo para que pueda consultarle sobre el problema que adolece.