Algunas mujeres creen que produce aumento de peso, acné, várices, esterilidad, cáncer y otras tantas cosas. Para aclarar qué de esto es verdad, platicamos con el doctor José Ángel Portillo, director médico del Hospital ProFamilia, una institución no gubernamental que lleva muchos años trabajando en el tema de la planificación familiar.

El ginecólogo explica que la inyección es un método hormonal al igual que la píldora. Funciona simulando un embarazo y el resultado es que se inhibe la ovulación.

En otras palabras, las hormonas que se inyectan evitan que las trompas de Falopio hagan que madure un óvulo que luego puede ser fecundado por un espermatozoide durante la relación sexual. Los métodos hormonales también hacen que el moco cervical sea más grueso, lo que impide el paso de los espermatozoides en su viaje a fecundar el óvulo.

Todo esto hacen las inyecciones anticonceptivas. Lo que varía entre una y otra es la duración del efecto, que puede ser mensual, bimensual o trimestral. La primera, explica Portillo, es una combinación de estrógenos y progestágeno, dos hormonas femeninas.

El especialista dice que esta es la adecuada cuando se quiere un restablecimiento inmediato de la fertilidad una vez te dejas de inyectar. La bimensual y la trimestral, al contrario, son más recomendables para mujeres que han tenido hijos y que quieren espaciarlos por buen tiempo.

La diferencia está en que las dos últimas se almacenan en el organismo y se ha comprobado que la fertilidad se normaliza hasta pasados seis meses o un año luego que se dejan de aplicar. Estas de larga duración solo contienen progestágeno, lo que hace que se liberen más lento y que el regreso de la fertilidad sea más tardía.

Por lo mismo la bimensual y la trimestral no se aconsejan a mujeres que no han tenido un embarazo porque su fertilidad no está probada y si en el momento de decidir tener hijos no pueden, tendrán que esperar hasta un año o más para saber si la causa es la inyección de larga duración o es que algo anda mal.

En el tema de la planificación familiar siempre es importante la asesoría del médico y sobre todo la evaluación inicial para decidir cuál método anticonceptivo conviene. La inyección mensual, por ejemplo, no es para mujeres que tienen várices porque los estrógenos las empeoran, en cambio las de mayor duración como no contienen estrógenos son viables.

Por otro lado, se cree que los anticonceptivos hormonales producen retención de líquido y por tanto sobrepeso. El doctor Portillo asegura que eso ocurre pero en menor medida porque las dosis hormonales en los actuales medicamentos son más pequeñas y esto ha disminuido tal efecto secundario. “Es más un mito que una realidad y muchas veces tiene que ver con la alimentación”, agrega.

Lo mismo se puede decir del acné y las manchas en la cara. Aunque ahora cada vez menos estos son efectos secundarios de la planificación con hormonas, lo sabio es que una mujer que padece de acné o su rostro se manchó en el embarazo pruebe con otro método.

En cuanto al cáncer, los métodos hormonales se asocian a un riesgo mayor de cáncer de seno. Pese a que la relación directa no está bien establecida se aconseja que las mujeres con antecedentes familiares (abuela, madre, hermana) de este tipo de tumor eviten usar sobre todo los anticonceptivos combinados (estrógenos-progestágenos). En la otra cara, las inyecciones y la píldora protegen contra los cánceres de ovario y endometrio y aminora el riesgo de embarazo ectópico.

Otro aspecto de interés es el tiempo que se usa el anticonceptivo. El ginecólogo advierte que no se debería pasar más de cinco años con un método hormonal. Lo adecuado es alternar, por ejemplo, con el DIU que puede usarse hasta por 10 años.