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La PRENSA GRÁFICA pudo hablar con Mirta Roses, directora de la Organización Panamericana de la Salud, en el marco del Congreso Panamericano de Infectología que se realizó el mes pasado en Punta del Este, Uruguay. La funcionaria habló sobre la resistencia de las bacterias a los antibióticos, una situación que todavía no está generalizada en la región, pero que ya puede verse en algunos casos, sobre todo en los hospitales.

El tema de este año del Día Mundial de la Salud fue la resistencia a los antibióticos. ¿Cómo estamos al respecto en Latinoamérica y en particular en Centroamérica?

En general la situación es muy alarmante. La resistencia va creciendo y además se ha acelerado en los últimos cinco años. Y tenemos sobre todo en el ámbito hospitalario –en el ámbito comunitario la situación es un poco mejor– pero ya empezamos a ver en algunos países, afortunadamente muy pocos, la aparición de resistencias del bacilo de la tuberculosis y algunos casos de resistencias múltiples a todas las drogas que conocemos. Son personas que han tenido mucho abandono del tratamiento y reiniciación de tratamiento, que han tenido contacto a través de viajes con otras personas de otros lugares con esta situación. Tenemos vigilancia en la resistencia a medicamentos contra malaria o a los antipalúdicos. Afortunadamente todavía tenemos buena accesibilidad, pero sabemos que eso es cuestión de tiempo.

Para algunas de las enfermedades que les llamamos grandes, como sida, malaria y tuberculosis, tenemos un sistema de vigilancia. Estamos comenzando a ver casos de resistencia en tuberculosis, muy poco en sida y malaria pero comienza. Tenemos resistencia múltiple a escala hospitalaria, particularmente en las unidades de cuidados intensivos neonatales donde periódicamente se dan esos brotes por estas bacterias para las cuales ya no tenemos antibióticos.

¿Qué consecuencias implica la resistencia a los antibióticos para los países pobres como El Salvador?

Es un problema para todos porque en primer lugar está el sufrimiento para la persona y para su familia y por otro lado porque cada vez tenemos que usar antibióticos más costosos o eventualmente no tenemos antibiótico alguno. El problema más grande en los países pobres es que son los países que tienen menos regulado el acceso, por ejemplo, a los medicamentos antimicrobianos, a través de recetas.

Se venden libres en las farmacias o las personas los adquieren en los mercados populares; tienen la capacidad incluso de comprarlos por unidades en vez de comprar por caja o el tratamiento completo (que no es menor a siete o 10 días). Lo pueden comprar por tres o cinco pastillas. Piensan que si se toman eso les baja la fiebre y lo dejan de tomar, cuando a lo mejor ni lo necesitan o lo necesitaban pero tomar el tratamiento completo.

Ese es el mayor problema en los países pobres porque hay mucha liberalidad en el acceso al antibiótico, mucha medicación y muchas veces los profesionales están menos conscientes de estos problemas y medican antibióticos muy poderosos cuando podrían comenzar por lo más sencillo: antibióticos que son más económicos, menos tóxicos. Y muchas veces dan antibióticos para enfermedades que no necesitan antibióticos como las virales porque confunden que fiebre es igual que antibiótico.

¿Qué pueden hacer los Estados de nuestros países para evitar la resistencia antibiótica?

Lo que estamos haciendo con los ministerios de Salud es en primer lugar conociendo la situación específica de cada país en cuanto a la resistencia. Trabajando con los laboratorios, con gente de las secciones de infección hospitalaria que son los que ven el problema para que reporten, y compartan la información. Congresos como este (el Congreso Panamericano de Infectología) ayudan mucho a conocer la situación. Y por otro lado luego de conocer el problema, armar comisiones nacionales de trabajo que busquen todos estos distintos puntos dentro y fuera del sector salud.

Fuera del sector salud hay un uso grande de antibióticos; 80% de los antibióticos se usa en la crianza de animales, en la industria avícola, etcétera. Hay que ir por ahí porque ya se mete eso dentro de la cadena alimentaria y comienza a haber bacterias que desarrollan resistencia debido a ese uso en la cadena alimentaria.

¿Cuáles podrían ser las recomendaciones puntuales?

En el sector salud tres áreas: mejorar la vigilancia, adiestrar mejor al cuerpo médico para que aprenda a manejar mejor los antibióticos y con el público educarlo, formarlo, explicarle que tiene un arma preciosa que no la debe desperdiciar porque si no volveremos hacia atrás un siglo cuando no teníamos antibióticos. Lo más fuerte que hemos tenido en el siglo XX han sido los antibióticos y las vacunas, entonces no podemos perder eso.