En la medida que los tiempos avanzan se vuelve más urgente que las personas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, se esfuercen en encontrar una visión unificadora en la que hagamos notar más aquello que nos une que aquello que nos separa.

 

Si se lograra esto, la capacidad que tenemos para tolerar los comportamientos incomprensibles del otro aumentarían significativamente, entonces todos y cada uno harían su propio esfuerzo por obtener el adecuado nivel de armonía que necesitamos.

 

Desaparecerían las críticas inútiles, no perderíamos tiempo ni energía en intentar hacer que la otra persona sea como yo quiero que sea. Es más, al pensar más en lo que nos une que en aquello que nos separa, seríamos capaces de entender mejor a la otra persona, ya sea el cónyuge o los hijos, el jefe o el subalterno, el vecino o el desconocido que pasa por la calle.

 

Desaparecerían las comparaciones –razón principal de una autoestima enfermiza– y por tanto podríamos disfrutar de relaciones interpersonales más sanas y satisfactorias.

 

¿Es una utopía, un idealismo lo anterior? De ninguna manera, es hacia donde deberemos enfocar el esfuerzo si queremos poner a nuestros hijos alejados del problema del alcohol y de las drogas, ya que no necesitarán conductas de escapismo porque no habrá nada de que escapar.

 

Durante décadas se ha afirmado que “la familia es el mejor frente contra las drogas”, pero se trata de una familia unida, integrada, armónica. Es decir una familia interesada en sumar, en unir, en integrar. Donde la crítica desaparece porque no es necesaria, donde la comparación no se realiza porque se respetan y se valoran las individualidades.

 

La parte crítica en lo anterior es que debemos procurar un cambio de pensamiento en el sentido de no esperar que “sean los otros” quienes den el primer paso, sino que cada uno debe comprometerse a dar su primer y segundo y tercer paso en este sentido. Si los demás no lo hacen, no pierda de vista el enfoque: su propio compromiso. Poco a poco los demás se irán sumando a este esfuerzo.

 

Pero como siempre, lo más difícil es comenzar.