En general se tiene la idea que quienes proveemos cuidados médicos a los pacientes con cánceres estamos mal preparados o incluso reacios a abordar la necesidad espiritual de los pacientes. Hablando a título personal hay varios colegas que sí ponen mucho énfasis en esto.
Aparte de que mejora la relación médico-paciente, los valores espirituales mejoran su calidad de vida, misión u objetivo que tenemos los médicos que tratamos estas enfermedades llamadas catastróficas por las compañías de seguros.
Para que caminemos por el mismo rumbo debemos definir que para algunos la espiritualidad y la religión pueden tener distintos significados.
Los términos religión y espiritualidad a menudo se usan sin distinción. La religión puede definirse como un conjunto específico de creencias y prácticas compartidas, generalmente dentro de un grupo organizado.
La espiritualidad se puede definir como el sentido que le da a un individuo a la paz interior, propósito en la vida y la relación con los demás, también acerca de las creencias del significado de la vida.
La mayoría de nuestros pacientes y la población dicen creer en Dios. Naturalmente estas creencias afectan el modo en que viven sus vidas. Sin embargo, las personas tienen diferentes ideas acerca de lo que sucede después de la muerte, la creencia en milagros y otros temas religiosos.
Personalmente doy fe de ello hacia algunos pacientes que a través de la fe religiosa y espiritualidad viven vidas normales después de habérseles diagnosticado un cáncer que se consideraba incurable.
Todo lo contrario sucede cuando la persona pierde la fe: la muerte les llega más temprano. Según estudios, las enfermedades graves como el cáncer pueden hacer que el enfermo le cause sufrimiento espiritual y esto también abarca al entorno familiar. Esto es válido para el género, la educación e incluso el origen étnico de la persona, y se extiende a países cosmopolitas, como Estados Unidos.
De hecho en las revisiones anuales o congresos de cáncer se le está dando mayor énfasis a este aspecto, ya que tendemos a centralizar todo en la tecnología y los cuidados físicos del paciente.
Nosotros los médicos deberemos estar preparados acerca de que algún paciente pida orar junto con él o ella, y no necesariamente debemos decir sí a esta petición, principalmente si nosotros no creemos en el poder de la oración o nuestras creencias no son apropiadas. Sin embargo, deberemos estar listos a responder en una manera adecuada y positiva.
En términos generales nosotros deberemos estar con conocimiento acerca de la fe de los pacientes, ya sean cristianos, musulmanes o budistas. Un ejemplo de esto son las personas cristianas Testigos de Jehová que no aceptan transfusiones de sangre.
Otras religiones se niegan también a recibir antibióticos. Ante estos conflictos debemos ser proactivos para desarrollar tratamientos alternativos para ellos. En síntesis, el bienestar religioso y espiritual hace que disminuya la ansiedad, la depresión y sensación de aislamiento y riesgo de suicido, entre otras consecuencias. Además, trae esperanza, optimismo y sensación de paz interna.
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