Las bebidas embriagantes solo son estimulantes en una pequeña fase de sus efectos, generalmente al principio.

El más prolongado efecto del alcohol es depresor, es decir, que tiene la tendencia a relajar las funciones corporales haciendo que los movimientos sean más torpes, descoordinados y se generen dificultades a la hora de actuar.

Precisamente por eso el que está borracho no podrá tener una respuesta sexual adecuada… aunque el deseo se haya incrementado como consecuencia de la anulación de los frenos morales que controlan la respuesta sexual humana.

Esto quiere decir que en el borracho aumenta el deseo pero disminuye dramáticamente la capacidad de lograr y mantener la erección.

Con la marihuana ocurre otro tanto.

La marihuana, dependiendo del estado emocional del que la consume, puede ser un excitante o un depresor.

También la marihuana, igual que las bebidas embriagantes, genera un comportamiento sexual desinhibido, debido a que permite obviar los prejuicios sociales y anular los frenos morales, por lo que un consumidor de marihuana se vuelve atrevido, irrespetuoso y abusivo.

Pero lo más alarmante no es el efecto inmediato en el comportamiento sexual de consumidor de marihuana, sino los efectos a largo plazo.

Se ha encontrado que un uso persistente de la marihuana puede inducir a un desinterés por el sexo, tanto en hombres como en mujeres.

En el caso de las mujeres que consumen marihuana se evidencia una disminución de la lubricación vaginal, lo que frecuentemente hace el coito más doloroso, llegando a perderse el placer de la relación sexual genital.

Entre los efectos a largo plazo se encuentra que la marihuana inhibe la producción de hormonas masculinas, además de una reducción en la producción de espermas, a la vez un mayor número de espermatozoides anómalos (lo que podría asociarse a la dificultad para la gestación y/o embarazos en los cuales el embrión podría presentar malformaciones de diversa índole y gravedad).

El consumo de marihuana en dosis altas puede producir alteraciones graves en el embrión, retardo en el desarrollo fetal y aumento de las probabilidades de aborto espontáneo.

El hombre que consume marihuana tiene altas posibilidades de sufrir disfunción eréctil, incluso llegando a generar dificultades para lograr el orgasmo. Si el consumo continúa puede llevar a la impotencia absoluta.

Si el consumo de marihuana persiste, la producción de semen y las funciones testiculares (cuya función más importante es producir los espermatozoides, además de las hormonas masculina como la testosterona) también decaerán, lo que hará que las eyaculaciones disminuyan cada vez más hasta secarse completamente, muriendo así la vida sexual genital humana.