Se habla mucho del narcotráfico, pero en la práctica el daño que esta poderosa industria provoca, es poco divulgado. Se sabe que produce problemas sociales muy serios, pero la adicción a las drogas ilegales en muchos casos puede causar la muerte. Una es el crack o piedra.

“Fumar es la vía de administración más eficaz para que una sustancia llegue al cerebro, incluso más rápido que por vía endovenosa”, dice el doctor José María Sifontes, psiquiatra especialista en adicciones.

El crack resulta de mezclar y cocinar el polvo o clorhidrato de la cocaína con bicarbonato. Las reacciones químicas hacen que se cristalice y se convierta en una piedra que luego se puede calentar y fumar.

En consecuencia el efecto del crack es rápido y muy intenso, motivo suficiente para que esta droga sea la más adictiva y la de uso más común entre los pacientes que consultan en la Fundación Antidrogas de El Salvador (FUNDASALVA).

“La piedra” vino al país a principios de los noventa, recuerda Luis Alfaro, terapeuta de la fundación. Aunque la adicción no es física, genera una dependencia psicológica que se considera muy destructiva porque puede deteriorar a una persona en cuestión de un año.

Rápido si se compara con la cocaína que es posible consumirla por más de seis años sin perjudicar de la misma forma al individuo.

El efecto que provoca el crack en el cerebro es parecido a una reacción fisiológica llamada “corre o escapa”, la manera natural que tiene el cuerpo de actuar ante una situación de peligro, explica el doctor Sifontes.

El organismo se activa, hay una enorme y rápida descarga de adrenalina y aumenta el pulso porque el corazón bombea más sangre a los músculos, igual que la glucosa o energía llega en cantidades importantes. Además aumenta la respiración y disminuye la digestión porque en ese momento urgente no es la prioridad.

Con el crack ocurre lo mismo pero más intenso, y aunque solo dura unos minutos o menos, también activa una zona en el cerebro llamada núcleo de Accumbens, el centro del placer.

Entonces, los adictos describen ese momento como algo superior al orgasmo. Eso es lo que los engancha y lo que ha hecho que grandes artistas como Whitney Houston o Amy Winehouse se vuelvan la sombra de lo que alguna vez fueron.

Pero la pérdida de peso no es el único efecto negativo de esta adicción, si bien es el más visible. Más potente que el mismo enamoramiento es la compulsión por volver a experimentar el efecto del crack. Tanto que la persona hace lo que sea para lograrlo.

Esto porque luego de la sensación de placer vivida, la piedra produce lo que los adictos llaman “bajón”. Debido a la enorme descarga de energía, el cuerpo entra en un estado de depresión y lentitud mental, es decir, sensaciones opuestas al placer recién sentido.

De este modo, un individuo susceptible puede volverse adicto al crack después de haberlo probado una o dos veces, dice el psiquiatra. Lo que ocurre es que la persona quiere desesperadamente salir del letargo y volver a sentir el placer. Pronto, una piedra no será suficiente: necesitará hasta 50 al día, asegura el licenciado Alfaro.

El enorme gasto calórico durante cada consumo, aunado a la disminución del trabajo digestivo, es lo que produce la pérdida de peso. Pero también con cada bocanada de humo aspirado se corre el riesgo de sufrir un infarto cardíaco o cerebral, e incluso una insuficiencia renal aguda, señala el doctor Sifontes.

El estado de alerta aumentado y constante es lo que ocasiona la paranoia que se puede deformar tanto hasta llegar a producir alucinaciones sobre todo auditivas; sin embargo, la adicción a esta droga es superable.