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Un trastorno con dos caras

Escrito por Laura Molina
Domingo, 15 noviembre 2009 00:00
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Si nunca has escuchado sobre el trastorno bipolar, hoy te lo explicamos. Se trata de una enfermedad psiquiátrica que afecta al 1% de la población mundial. Es, en palabras de la psiquiatra Claudia Barahona, “una enfermedad compleja con múltiples rostros y facetas”. Tanto, que ahora se le llama espectro del trastorno bipolar porque es amplio.

 

Conocido también como trastorno maníaco depresivo, produce en la persona afectada cambios extremos que van de la euforia a la depresión de forma rápida.

 

En la fase maníaca o de euforia, la persona puede experimentar hiperactividad, falta de autocontrol, incremento de la energía, delirios de grandeza, poca necesidad de sueño y comportamientos imprudentes que la lleven a incurrir en excesos de bebidas y drogas ilegales.

 

La promiscuidad sexual puede darse en algunas personas, así como hay quienes realizan gastos exagerados o transacciones arriesgadas. También puede haber una tendencia a la conducción temeraria, las compras compulsivas y el juego de apuesta.

 

En la faceta depresiva puede darse falta de apetito o, al contrario, consumo exagerado de alimentos; desgano y apatía, fatiga, sentimiento de desesperanza y tristeza, pérdida de la autoestima, pensamientos suicidas e incluso aislamiento.

 

La persona con trastorno bipolar puede pasar de una faceta a otra de forma repentina, o experimentar cualquiera de las dos caras del trastorno, de modo más leve. La multiplicidad de formas en las que esta enfermedad se manifiesta hace que el diagnóstico sea difícil, dice la doctora Barahona.

 

Algunas personas llegan a la consulta en su fase depresiva y con la observación del psiquiatra se logra concluir que en realidad no solo es depresión, sino trastorno bipolar. “Hay muchos bipolares no diagnosticados”, dice la psiquiatra.

 

En el caso de la mujer, la enfermedad puede manifestarse de un modo ligeramente distinto. Por ejemplo, ellas suelen sufrir de forma más intensa la depresión que la manía, o tener más episodios de tristeza que de euforia, explica la doctora.

 

Además la fase maníaca se expresa en ellas con conductas como la compra compulsiva o la promiscuidad sexual. Distinto al hombre, que tiende más al abuso de alcohol y drogas ilegales, la conducción temeraria y los juegos de azar o apuesta.

 

El embarazo es otra condición que hace un poco más difícil el tratamiento del trastorno bipolar en las mujeres. “El psiquiatra debe tomar en cuenta la posibilidad de embarazo en una mujer en edad fértil a la hora de prescribirle medicamentos”, detalla la doctora Barahona.

Lo más prudente es que la mujer se mantenga siempre estable, con la medicación y la psicoterapia adecuadas para que en el momento de decidir embarazarse no presente mayores problemas. Esto es importante, recalca la psiquiatra, porque en el primer trimestre del embarazo lo más indicado es suspender los fármacos. Si el trastorno está previamente bien controlado, las posibilidades de una recaída son menores en ese período sin medicamentos.

 

En los otros dos trimestres de la gestación se pueden indicar fármacos que no producen efectos dañinos en el feto, según se ha comprobado con diversos estudios científicos.

 

Además de estas precauciones, la psiquiatra recomienda que la pareja reciba una consejería genética para que comprenda el riesgo de que el trastorno bipolar se repita en los hijos.

 

Aunque no se conocen las causas exactas del trastorno, sí se sabe que es hereditario.

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Algunos comportamientos anómalos pueden ser síntomas de que una persona sufre trastorno bipolar. Por ejemplo, la adicción a drogas, el alcoholismo, la conducción temeraria, conductas suicidas e incluso la psicosis. La fase maníaca suele ser la que más llama la atención, pero también está la etapa de la depresión.

Lo que ahora se conoce del trastorno bipolar ha permitido entender que la enfermedad se puede manifestar desde la infancia, pero que es difícil reconocerla. El diagnóstico suele realizarse en la juventud, entre los 15 y 25 años de edad. No se conoce más causa que las biológicas, es decir, hereditarias.

El tratamiento del trastorno bipolar es con medicamentos y terapia psiquiátrica. Se recomienda además tener buenos hábitos de sueño y alimentación, y hacer ejercicios.



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