Si quiere saber qué se siente no poder oler, pregúnteselo a don Enrique Salguero, un locutor de radio de la vieja escuela, quien por muchos años no supo cómo olía la carne que le asaba su esposa ni el café que le preparaba por las tardes. Para él era imposible oler un perfume, el hedor que dejaba el camión de la basura a su paso o incluso su propio olor corporal. Podía tener a tres personas fumando a su alrededor y él no se alteraba. Era terrible, recuerda, cuando la gente le preguntaba si le gustaba el aroma de esto o aquello, pero su nariz no le decía nada y lo peor es que tampoco sentía los sabores.

Don Enrique puede ahora hablar de su falta de olfato, en pasado. En esos años que recuerda con horror, su nariz tenía pólipos, unas formaciones benignas que obstruyen las células olfativas. Él no lo sabía y como siempre fue alérgico creía que la mucosidad y la “tapazón” le impedían oler. Pasaron años para poder descubrir la causa real.

El doctor Adán Fuentes, otorrinolaringólogo que finalmente operó a don Enrique, explica que la poliposis nasal ocasiona la pérdida de olfato y que aún luego de extirpar los pólipos, en la mayoría de los casos, no se logra recuperar. Este problema suele ocurrir en personas alérgicas, pero hay otras razones por las que también se puede perder la capacidad de sentir olores.

Algunos golpes en el cráneo, malformaciones anatómicas, lesiones en las áreas olfatorias, sinusitis crónica y tumores cancerosos o benignos en la cavidad nasal son algunas de las causas de anosmia, la incapacidad completa de sentir olores. Existen otras condiciones que generan trastornos del olfato, pero no su pérdida total e irrecuperable. Fumar por ejemplo o las sustancias químicas con olor fuerte, como la lejía o los solventes. El embarazo, la menopausia o la diabetes pueden alterar el olfato pero en la forma contraria: hiperosmia osea, una sensibilidad aumentada a los olores.

El doctor Fuentes explica que el olfato es uno de los sentidos más importantes para el ser humano. Es vital porque a través de él se puede percibir el peligro: si comienza un incendio o si hay una fuga de gas en la casa, el olor es lo primero que se siente. Lo mismo para saber si un alimento está en mal estado, lo que es difícil si no se puede oler y saborear. Eso le pasó a don Enrique y una de las peores cosas que recuerda era su incapacidad de sentir el gusto de la comida. Un 80% del gusto depende del olfato, asegura el doctor Fuentes.

De esta forma, una persona que no pueda oler ni saborear, no solo perderá calidad de vida (imagínese usted sin sentir el fascinante olor del café o de la tierra recién mojada por la lluvia, y que hay del fundido dulce del chocolate), sino también corre peligro por no saber cuándo un alimento está arruinado.

Si una persona pierde el olfato, lo cual puede ocurrir de forma progresiva, se debe acudir al médico porque puede tratarse de algo tan grave como un tumor maligno. En el consultorio se realizan exámenes para medir la sensibilidad olfativa. El doctor Fuentes dice que se coloca un algodón con alcohol a la altura de la cintura y se va subiendo para evaluar a qué distancia puede oler la persona. Unos 10 centímetros de la nariz se considera aceptable y menos puede ser que haya un problema.

Como también existe un trastorno en el que los olores se distorsionan y hay pruebas en las que la persona debe identificar uno a uno los aromas que se le presentan. Los humanos pueden memorizar hasta 100,000 olores diferentes, proceso que comienza desde el nacimiento, afirma el experto. Don Enrique a penas identifica unos cuantos. Para él, los olores van y vienen, pero eso es bastante en comparación a los años en que no olía ni saboreaba nada.

Una vez el especialista encuentra que el olfato de la persona no es normal, se hacen pruebas, la mayoría radiológicas, para saber qué está pasando en sus células olfativas. Si es operable puede ser posible que de ese modo se recupere el olfato. Cuando el problema es inflamatorio o por sinusitis se suele resolver con medicamentos.

Las células receptoras de los olores que se encuentran en la nariz son especiales. Tienen la capacidad de regenerarse, según el doctor Fuentes, y se están haciendo estudios para ocuparlas como células madres. Sin embargo, cuando las células del olfato resultan dañadas no se puede recuperar la capacidad de oler.

En cuanto a porqué el olfato de los humanos es menos sensible que el de los animales (los perros se dice que nos superan alrededor de un millón de veces si de oler se trata), la explicación podría estar en la evolución. Para muchos animales aparearse es una tarea imposible si no tuvieran su olfato, mientras los humanos ya hacen uso de otros recursos más evolucionados. Lo mismo para la caza y por tanto la sobrevivencia.

De la cavidad nasal de nuestros ancestros primitivos todavía se puede observar un vestigio, comenta el doctor Fuentes. Se llama órgano vomeronasal, que está presente en otros animales y que en los humanos no se tiene clara cuál es su función. Al parecer los animales lo ocupan para oler las feromonas de su pareja sexual.