El cáncer no es exclusivo de los adultos, también se da en la población infantil o pediátrica.

Si consideramos que la población infantil comprende desde el nacimiento hasta los 12 años, para fines médicos desafortunadamente no tengo datos precisos sobre la estadística de cáncer pediátrico en El Salvador, pero según los índices mundiales, el cáncer se da en 14 de cada 100,000 menores.

El cáncer, al igual que en los adultos, consume la energía del paciente, destruye órganos, huesos y debilita sus defensas contra otras enfermedades. En los niños hay una variedad de este mal que tiene síntomas, signos, tratamientos y pronósticos diferentes que en los adultos.

Los factores que desencadenan el cáncer en niños no suelen coincidir con los que lo hacen en los adultos, como el hábito de fumar o la exposición a toxinas. Esto es de tomarlo muy en cuenta, ya que hay pesticidas, incluso en los más “inocuos”, que pueden provocar esta enfermedad en los niños más susceptibles, por lo que cuando fumigue, mantenga a sus niños lejos del área.

En ciertas ocasiones, los niños que padecen síndrome de Down pueden tener un riesgo más elevado de desarrollar cáncer. Los cánceres infantiles se desarrollan a raíz de mutaciones (cambios) no heredados en los genes de sus células en proceso de crecimiento.

Es muy probable que el primero que detecte los síntomas de cáncer sea el pediatra de su hijo en alguna revisión periódica.

De todas maneras, muchos de estos síntomas —como fiebre, ganglios inflamados, infecciones frecuentes, anemia o moretones— también son vistos en otras enfermedades, no solo en las oncohematológicas pediátricas.

Para el caso, la leucemia infantil es por hoy la más frecuente en niños, seguido por linfomas, tumores del sistema nervioso que pueden ser cerebrales y de la medula espinal, lo mismo que el retinoblastoma, que es un cáncer ocular.

Sin embargo, a partir de los 10 años, es posible ver más tumores óseos tales como el osterosarcoma o bien el sarcoma de Ewing.

Sobre estos últimos quiero dar una advertencia, ya que muchos padres de familia los confunden con dolores del crecimiento.

Hoy por hoy, este tumor es curable si es detectado a tiempo y se puede conservar el miembro afectado. Por tal razón, ante cualquier manifestación de dolor en ausencia de caída el niño deberá llevarlo al pediatra lo más pronto posible.

También existen tumores en los tejidos blandos del cuerpo. El niño, al contrario de los adultos, tolera mejor su tratamiento, aunque requiere mucha ternura de parte de sus padres y del personal de salud que lo cuida. Los tratamientos se basan en cirugía, radiación y quimioterapia.

Si observa algunos síntomas —tales como masa anormal, fiebre prolongada, palidez, dolores de cabeza persistentes, hematomas (moretes), sangrado anormal, pérdida de equilibrio, cambios en el comportamiento, hinchazón de la cabeza o brillo blanco en el ojo— tenga en cuenta que es hora de visitar a su pediatra con urgencia.