Las protestas de tibetanos se propagaron ayer en China, con reportes de siete manifestantes muertos en Sichuan (sudoeste), tras una represión que ya dejó decenas de muertos en Lhasa.
“Se han vuelto locos”, dijo una oficial de la Policía del condado de Aba, en Sichuan, una de las cuatro provincias con gran población tibetana, y su voz temblaba en el teléfono porque el principal edificio del Gobierno del sector estaba sitiado.
Según el Gobierno tibetano en el exilio, el estallido de violencia en Tíbet contra el dominio chino se ha cobrado hasta ahora las vidas de unas 90 personas.
Mientras, las autoridades chinas instaron a las organizaciones no gubernamentales extranjeras a abandonar el altiplano tibetano.
“Todos los empleados de ONG hemos sido advertidos de abandonar Lhasa antes del lunes”, dijo uno de ellos en declaraciones que publicará el diario alemán Frankfurter Rundschau.
Hoy a la medianoche local finaliza el plazo impuesto por las autoridades chinas para que los alborotadores se entreguen si quieren ser tratados con indulgencia. Se teme que después de este plazo y de la salida de los extranjeros la Policía china arremeta con dureza contra los tibetanos.