Los franceses acuden hoy a las urnas en la segunda vuelta para elegir al sucesor de Jacques Chirac, en una contienda en que las opciones que se presentan son tendencias radicalmente diferentes.
Por un lado está Nicolás Sarkozy, hijo de un inmigrante, y por otro, Ségolène Royal, la hija de un militar, cada uno con ideas diferentes sobre cómo poner nuevamente en marcha a su nación.
Sarkozy y Royal son en sí mismos rebeldes que se alzaron contra los parámetros tradicionales de la política francesa y se atrajeron a un electorado deseoso de cambios. Su presencia política señala asimismo un cambio generacional, porque quien quiera que sea el ganador de la contienda será el primer presidente francés nacido tras la Segunda Guerra Mundial.
La contienda promete ser reñida, con una de las últimas tres encuestas de opinión, tomadas el miércoles y jueves, señalando un virtual empate, mientras que las otras le dan la ventaja a Sarkozy.
Sarkozy, un conservador, desea liberalizar el mercado laboral, hacer que los franceses trabajen más horas y ponerlos en forma para el mercado de trabajo internacional. Royal es la candidata del Partido Socialista que desea salvar el generoso sistema de seguridad social francés de la ideología neoconservadora de Sarkozy.