Miles de cubanos desfilaron ayer en La Habana para homenajear a Vilma Espín, la esposa del presidente interino Raúl Castro muerta a los 77 años y la primera baja en la familia del convaleciente líder Fidel Castro.
Espín, la mujer más influyente de la revolución cubana, murió el lunes tras una larga enfermedad que no fue revelada.
No hubo ceremonia de cuerpo presente, pues en su última voluntad ella solicitó que se cremaran y enterraran sus restos en la provincia de Santiago, a unos 900 kilómetros de La Habana. Pero en el monumento a José Martí de la capitalina Plaza de la Revolución se instaló una enorme foto de Espín a manera de capilla ardiente.
Allí el general Raúl Castro, de 76 años, depositó una rosa roja ante un enorme retrato en blanco y negro de su esposa, durante décadas la primera dama simbólica de su hermano Fidel.
La única señal del líder cubano Fidel Castro, que transfirió el poder a Raúl hace 11 meses por razones de salud y que no ha sido visto en público desde entonces, fue una corona de flores blancas.
En la capilla ardiente simbólica se colocaron además las muchas condecoraciones de la mujer y a su lado coronas de flores.
“Hasta siempre, Vilma, constructora desde los cimientos de una nueva sociedad”, dijo Granma, el periódico oficial.
Espín presidió durante 47 años la influyente Federación de Mujeres Cubanas, una de las mayores organizaciones de masas del país, con cuatro millones de integrantes o más del 80% de las cubanas mayores de 14 años. Fue madre de cuatro hijos.