Gran Bretaña entregó ayer la responsabilidad de seguridad en la provincia de Basora a los iraquíes, marcando efectivamente el final de casi cinco años de control británico en el sur de Iraq.
Miles de policías y soldados iraquíes desfilaron a lo largo de la costa de la segunda ciudad más extensa del país, en la muestra más grande de fuerza militar iraquí desde los días de Sadam Husein. Con la entrega se allana el camino para una reducción de las tropas de Gran Bretaña desplegadas en Iraq.
“La seguridad de Basora está ahora en manos de los iraquíes”, se congratuló Muafak al Rubaie, el asesor iraquí para la seguridad nacional, quien recalcó el peso de esta región en el desarrollo económico del país.
Al Rubaie representó al primer ministro Nuri al Maliki en la ceremonia de transferencia de poder celebrada en el aeropuerto de esta gran ciudad portuaria.
El ministro de Relaciones Exteriores británico, David Miliband, no asistió a la ceremonia pese a encontrarse en Basora, pero consideró en un comunicado que “la transferencia (...) de la responsabilidad en materia de seguridad de la provincia de Basora para un control iraquí era un gran progreso”.
El comandante británico Graham Binns firmó un protocolo de acuerdo con el gobernador de Basora, Mohammed al Waili, sobre la restitución del control de esta provincia de 2.6 millones de habitantes, en su mayoría chiitas, que se encontraba bajo mando británico desde marzo de 2003.
Basora es la última de las cuatro provincias más meridionales de Iraq bajo supervisión de los militares británicos —desde mediados de marzo del 2003— que pasa a manos de los iraquíes.
Nueve de las 18 provincias del país están ya bajo control iraquí. Sin embargo, Basora será la mayor prueba hasta ahora a la capacidad del Gobierno de Bagdad para mantener la seguridad.