Ayer, el concejo municipal de San Salvador dejó de parecerse a un ring y empezó a asemejarse a una mesa servida para un almuerzo entre amigos. En la mesa, solo efemelenistas y ciudadanos amigos de estos departen.
Rompiendo las reglas que ya marcaban la costumbre municipal, un punto se llevó a consideración, y se levantaron las 14 manos de concejales propietarios.
Desde meses antes de que, a mediados de 2005, el FDR nació en el seno de la comuna capitalina, ninguna votación polémica, sobre todo en el tema financiero, se había aprobado por unanimidad.
La unanimidad fue para tomar el primer acuerdo de concejo en la gestión que ayer empezó al mando de la efemelenista Violeta Menjívar, la nueva alcaldesa.
El acuerdo que fue aprobado reza que los concejales se rebajarán en un 20% las dietas por asistir a las sesiones y que tienen impedido aumentarlas a lo largo de la gestión de tres años.
Reducir, no revertir
“Es un mensaje al pueblo, un ejercicio de ética y de transparencia, porque ese pisto que nos ahorramos no es nuestro, sino de los capitalinos”, se regocijó Menjívar, a quien le siguieron comentarios igual de halagadores.
La medida se aprobó en junio de 2005, con los votos de todos los concejales, menos los de los efemelenistas y el del alcalde, que no se encontraba en el momento. Fue fruto de discusión y motivo de varias páginas periodísticas.
Si bien los farabundistas cumplen su promesa de bajar las dietas, no es textual la frase que han utilizado: revertir el aumento.
El incremento de junio de 2005 fue de $800, un 87.5% de aumento, en otras palabras, a los $914 que en aquel momento percibían los concejales. La reducción de las dietas aprobada ayer es de un 20%, con lo que el incremento de junio aún les beneficiará, pero con un 67.5%.
Aún así, todo fue satisfacción en una sesión donde se aprobaron cuestiones organizativas.
La sesión de concejo culminó con una mañana en la que gran parte de sus miembros habían compartido dos actos: un homenaje en la tumba del fallecido líder Schafik Hándal y una “juramentación popular” donde Menjívar recibió en el parque San Jacinto una banda simbólica de manos de “cuadros del FMLN en la capital”, dijo el concejal Eduardo Linares.
En toda la comuna no se asomó ningún efederrista del antiguo concejo, mucho menos el ex alcalde capitalino Carlos Rivas Zamora. “No sé, no he sabido nada de él, espero que llegue hoy a la ceremonia”, zanjó Menjívar al referirse a la ausencia de Rivas Zamora y a la posibilidad de que él estuviera en el acto formal de traspaso de mando que más tarde ocurriría en la Feria Internacional.
Dentro de todo, y ya en ese momento en que Menjívar dudaba, había motivos para pensar que Rivas Zamora se presentaría a entregar la vara edilicia.
Como confirmaron dos organizadores del evento y un concejal del FMLN, fue el ex alcalde el que pidió no hacer la ceremonia en la plaza Gerardo Barrios y sí en la Feria como condición para asistir. La razón: temor a los abucheos e insultos que podían provenir de los efemelenistas que llegaran a observar el acto requerido por la ley.
Al final, la lógica dice que parte del objetivo se cumplió. No faltaron los abucheos y gritos contra Rivas Zamora cuando entró al anfiteatro, pero se calmaron al poco tiempo de haber empezado.
Personalidades a granel
Justo a las 5:20, en un acto corto, pero plagado de personalidades de interés político, Menjívar era juramentada como alcaldesa por la síndica Norma Guevara, y la segunda ovación más grande de la tarde se dejó escuchar, solo superada cuando se saludó a la delegación enviada por la Alcaldía Mayor de Caracas (Venezuela).
El lugar, al que acudieron cerca de mil personas, era un auténtico amasijo ideológico en la parte de invitados especiales: Douglas Barclay, embajador de EUA; Dionisio Marenco, alcalde de Managua y líder sandinista; Jonathan Peled, embajador de Israel, y la comitiva del Gobierno de Cuba.
Rivas Zamora, al igual que Barclay, con su escaso castellano, dijo prácticamente lo mismo: “Felicidades”. Marenco, en cambio, se extendió al resaltar las “perspectivas positivas” que ve en el triunfo de Menjívar.