La Policía Nacional Civil presentó ayer al supuesto asesino de un sacerdote de Sonsonate. El implicado aceptó los cargos y atribuye el crimen a problemas sentimentales.
Jorge Luis Zeledón, de 19 años, aceptó haber asesinado el mes pasado a un sacerdote católico en Acajutla.
Zeledón asegura que mantenía una relación “muy íntima” con el sacerdote y que el asesinato obedeció a problemas sentimentales.
“Me quería obligar a hacer algo que a mí no me gusta. Yo andaba tomado y reaccioné así”, confesó Zeledón.
El sacerdote católico Ricardo Antonio Romero Flores, de 39 años de edad, fue asesinado la madrugada del lunes 25 de septiembre en la carretera que de Acajutla conduce a la ciudad de Sonsonate.
Los restos mortales de Romero Flores fueron enterrados tres días después en Acajutla, de donde el religioso era originario.
Centenares de personas que conocieron al padre se concentraron en la iglesia de Acajutla para participar en la misa de cuerpo presente concelebrada por monseñor José Adolfo Mojica Morales y cerca de medio centenar de sacerdotes de la diócesis de Sonsonate y de otros lugares del país.
Romero era el párroco de Santa Catarina Masahuat.
Sobre el homicidio
Desde el inicio, las autoridades presumían que el asesino era una persona conocida del religioso.
Romero fue ultimado con una piedra de gran tamaño que el asesino confesó haber dejado caer sobre el rostro del sacerdote.
El automotor, perteneciente a la diócesis de Sonsonate y que manejaba Romero, fue estacionado a un lado de la vía, cinco metros adelante de donde fue dejado el cadáver.
Las autoridades presumen que el asesinato pudo haberse registrado después de las 2 de la madrugada, ya que minutos antes la Policía y los agentes fiscales habían pasado hacia Acajutla, en donde reconocieron a tres personas que perecieron en un accidente de tránsito. Romero fue el párroco de la catedral de la Santísima Trinidad y su cadáver fue encontrado aproximadamente a las 3:25 de la madrugada.