Eran las 12:45 del domingo pasado cuando Ernesto Manuel C. y su acompañante Natalia M. regresaban desde Antigua, en Guatemala, hacia El Salvador. Habían visitado esa ciudad por motivos de trabajo.
Ya en la carretera internacional, cerca de Villa Canales, donde fueron asesinados los tres diputados y un colaborador, los salvadoreños se encontraron con un control policial, en el que había por lo menos dos patrullas plenamente identificadas. Dos agentes les hicieron señal de alto y les indicaron que se estacionaran a la orilla.
Ernesto Manuel, que conducía el automóvil con placas de El Salvador, creyó que le iban a solicitar sus documentos de tránsito y se los sacó de su cartera, pero, un agente, en cuyo uniforme se leía Amaya Morales, se le acercó y le dijo que se bajaran él y su acompañante porque iban a hacer una revisión de rutina al interior del automotor.
Cuando se bajaron, otro policía se les acercó, mientras que Amaya Morales se dedicaba a revisar el automotor. Al no encontrar nada extraño en este se volvió a acercar a la pareja, que había sido obligada a permanecer junto a un vehículo policial, los encañonó y les dijo que se trataba de un asalto. Les robaron $300 en efectivo, dos celulares, dos relojes y una cámara de video valorada en $1,500.
Los policías comenzaron a platicar en voz baja entre ellos. Al parecer, discutían si los dejaban ir o los retenían por algún tiempo.
Según Ernesto Manuel, durante el tiempo que los retuvieron, los policías se comunicaban a través de radio con sus supuestos jefes policiales. Amaya Morales se identificaba por su nombre para hablar con sus superiores. Incluso utilizaban claves que aparentemente son propias del argot policial.
El compatriota pensó en un momento que a él y a su acompañante les iban a hacer lo mismo que a los diputados del PARLACEN, por lo que comenzaron a rogarle a los asaltantes que los dejaran ir.
Uno de los policías se acercó a la pareja y les dijo que los dejarían ir, pero que no se atrevieran a denunciar porque les podía pasar algo en el resto del trayecto. Además, les advirtieron que en el trayecto encontrarían más policías guatemaltecos, quienes podrían actuar contra ellos si acaso los denunciaban.
Ernesto Manuel memorizó la placa de al menos uno de los vehículos, pero debido al nerviosismo, cuando a las 3 de la tarde llegó a la frontera de Las Chinamas, se le había olvidado.
Él y Natalia están seguros de que eran policías y que estos tenían contacto con el resto de agentes que se encontraron en la carretera, pues los siguientes retenes ya no les hicieron señal de alto y al verlos pasar parecía que se comunicaban con otros. Incluso en más de algún trayecto sintieron que eran perseguidos por vehículos con vidrios polarizados.
Al llegar a Las Chinamas, la pareja intentó interponer la denuncia con los agentes de Guatemala, que los ignoraron, por lo que decidieron interponerla con la PNC salvadoreña.
La denuncia, cuya copia está en poder de LA PRENSA GRÁFICA, detalla las circunstancias en que se produjo el asalto.
En el documento, Ernesto Manuel y Natalia manifiestan su intención de colaborar con las investigaciones de este caso, ya que aseguran que pueden reconocer el sitio donde ocurrieron los hechos, así como al menos a dos policías, uno de ellos Amaya Morales.