Eran las 3:45 p. m. y Ciro Cruz Zepeda arribaba al hotel capitalino donde se reunía la comisión interpartidaria.
A su llegada, quiso evadir a la prensa que le esperaba para saber sobre el futuro de Will Salgado. El cálculo del cacique pecenista de usar otra puerta no le sirvió y más tarde se le convertiría en una trampa.
La puerta que Zepeda buscó para esquivar a los periodistas estaba con llave. La forcejeó, pero no pasó y con ello inició el bombardeado de la prensa: preguntas y respuestas, hasta la saciedad, sobre Salgado. “Yo no tengo por qué comunicarme con él, ni discutir con él sobre este tema”, se jactaba el cacique pecenista.
Lo que no imaginaba Zepeda era que sus palabras minutos más tarde casi se le hacen realidad. Una desbandada de periodistas corrió hacia la entrada principal del hotel y dejaba casi solo a Zepeda. Se presagiaba algo extraño. Y así fue. Will Salgado se paraba en la entrada principal.
La prensa le pidió opinión sobre su separación del PCN. Salgado no respondió y decidió encarar a Zepeda para que este le dijera de primera mano lo ocurrido. El edil caminó en busca de Zepeda, que todavía respondía preguntas a otros periodistas, y los nervios invadieron al pecenista, que volvió nuevamente a forcejear la puerta. Para su mala suerte, seguía con llave.
Will llegó cerca. Zepeda, al verlo, se excuso de la prensa, y a paso ligero cruzó —con ayuda de asistentes— hasta la entrada principal del hotel y desapareció.