Septiembre llegó otra vez a Manhattan, y con él las grandes reuniones de Naciones Unidas. La nueva vedette: Ahmadinejad, el presidente iraní y su fallido intento por ir a visitar la zona cero. También llega George W. Bush y su paralizante parafernalia de seguridad. Y los viejos clásicos, como el Tibet y China.
Ayer, antes de que Antonio Saca entró al 680 de Park Avenue, en el lujoso Uptown neoyorquino, para asistir a una comida del Council of the Americas, a 20 metros media docena de jóvenes tibetanos montaba un barullo que puso bastante tensos a los miembros del servicio secreto encargados de cuidar a la comitiva de Jang Jiechi, el canciller de China que había llegado a un edificio vecino para promover la Olimpiada de Pekín.
“¿Qué queremos?” “¡Libertad para Tibet!” “¿Cuándo la queremos?” “¡Ahora!” Tenzin Dorjee, un estudiante tibetano afincado en Manhattan, se desgañitaba frente al más temible de los “secret”, un calvo de prominente barriga y cachetes rojos. “No les vamos a impedir que hagan lo que hacen, pero vayan más lejos”, increpaba el agente a Tenzin, mientras uno de sus compañeros, ataviado a la última moda neoyorquina —jeans ajustados, camisa blanca de botones, pelo engominado y lentes de diseño—, explicaba su versión del evento a un iPhone de última generación: “Increíble, la Policía nos empuja en pleno Nueva York, ¿qué no pasará en China?”
“Mira, ¿por qué hablas con esos? Habla con este”, suelta con acento dominicano con la “r” sustituida por “l” uno de los tantos motoristas que sirve a las delegaciones latinoamericanas mientras señala un ejemplar del popular Daily News, que en su tapa de ayer despliega una gran foto de Mahmoud Ahmadinejad, el iraní, junto al titular principal: “El mal ha aterrizado”.
Bajo el ejemplar del Daily News, en el portal del Council of the Americas al que Saca aún no llega, está el Diario La Prensa, el principio al rotativo hispano de Nueva York, con un título también atractivo: “Pandicámara”, que refiere a un artículo donde el periodista Lorenzo Morales explica que el sábado anterior la Policía local del condado de Suffolk, en Long Island, fotografiaba e interrogaba a mareros en el desfile centroamericano de la independencia que el presidente salvadoreño encabezó como gran mariscal.
De todo cabe en los diarios. De todo cabe en la isla de Manhattan. Mañana Bush habla en la ONU. Cerca de ese edificio, en las escaleras que bajan del parque Ralph Bunch, en un monumento de mármol, una gran leyenda recuerda: “Los países no deben alzar sus espadas entre ellos. No deben aprender la guerra”.