Turba rompe portones de la Asamblea

Los daños ocasionados a los bienes de la Asamblea Legislativa son evidentes en cada una de las entradas al recinto, donde más de 100 manifestantes se enfurecieron al ver que se les negaba el acceso al Salón Azul. Con ayuda de diputados del FMLN, los agitadores rompieron puertas y candados hasta lograr su objetivo.

Salvador Martínez
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/27/2007

La tranquilidad que caracteriza los días viernes a la Asamblea Legislativa —porque en teoría ya han atendido la mayor carga de trabajo de lunes a miércoles y ratificado sus actuaciones el jueves en la sesión plenaria— fue interrumpida a eso de las 8:30 de la mañana, cuando un grupo de manifestantes que decían ser de la Alianza Ciudadana contra la Privatización de la Salud y otras organizaciones afines al FMLN intentaron ingresar a las instalaciones del palacio legislativo por la fuerza.

El desorden comenzó cuando el diputado Salvador Sánchez Cerén intentó ingresar a la Asamblea por el portón que colinda con la Corte Suprema y la seguridad le dijo que no podían dejarlo entrar por ahí porque no estaban las llaves. A eso se sumaba el hecho de que los portones de la zona oriental habían sido sellados con soldadura.

La llegada de Sánchez Cerén a ese lugar no fue fortuita —porque los diputados ya tenían notificados el único portón de acceso que estaría habilitado—. Una turba de personas que se encontraba en la zona comenzó a empujar puertas y cortar la malla ciclón que se encuentra alrededor del parqueo.

Algunos empleados de la fracción efemelenista, encabezados por el diputado José Ricardo Cruz y el suplente David Penado, hacían lo suyo desde adentro, donde, cincel en mano (foto de portada), comenzaron a golpear las soldaduras y la chapa del portón, las cuales en cuestión de minutos estaban completamente destrozadas.

Al mismo tiempo, los manifestantes que se encontraban en el exterior empujaban y jalaban los portones con el fin de votarlos para poder acceder al Salón Azul, donde a las 9 de la mañana se tenía programado reiniciar la sesión plenaria.

Al derribar las puertas, los agentes de la Policía destacados ahí intentaron detener el ingreso de los manifestantes, quienes sin mayor problema los empujaron y quitaron de su camino. Detrás de la turba, diputados y colaboradores efemelenistas que venían en vehículo ingresaron y pidieron a los agitadores que guardaran las banderas del partido que ondeaban y que subieran a la tercera planta, donde se encuentra la fracción legislativa del FMLN.

Más de un centenar de gentes vistiendo camisetas, gorras y pancartas del FMLN ingresaron al edificio donde se encuentran las oficinas de los parlamentarios, y subiendo por las escaleras, gritaban consignas y alzaban el brazo izquierdo en señal de la victoria.

Los gritos y golpes que los manifestantes daban a las paredes cuando recorrían los diferentes niveles hicieron que los empleados legislativos pararan sus labores y salieran a ver qué era lo que ocurría. Los trabajadores que tienen ya bastante tiempo de laborar ahí regresaron a su memoria lo ocurrido hace 13 años, cuando un grupo de ex patrulleros se tomaron el edificio por dos días consecutivos, exigiendo que se les diera una compensación económica por los servicios que prestaron durante el conflicto armado.

Al ver frustradas sus intenciones de ingresar al Salón Azul, por la fuerte presencia policial que había en los diferentes accesos al recinto, los diputados del FMLN pidieron a sus colaboradores que sacaran equipo de sonido y parlantes de más de un metro al sector conocido como “el palo de hule”, que queda justo enfrente de la entrada principal de la Asamblea, para concentrar a todos sus seguidores. Sin embargo, las puertas estaban cerradas.

“Aquí lo que vamos a hacer es ir rompiendo puerta por puerta, porque eso es lo que quieren”, dijo un diputado suplente del FMLN cuando se encontraba frente a la recepción de la Asamblea.

“Cuarenta y tres diputados no deben decidir el futuro de la salud en El Salvador”, sonaba el lema que han hecho especialmente para la ocasión, mientras algunos agitadores se peleaban con los agentes de la Policía que se encontraban en la entrada. “Privatizar la salud es una mala decisión, no es conveniente porque no le conviene a mi gente”, continuaba sonando el lema.

Sin embargo, a medida se acercaba el mediodía y el hambre comenzaba a hacer rechinar el estómago de los manifestantes, el ánimo fue decayendo como la energía con la que comenzaron el desorden y que terminó en un mitin sin mucho público.