El pequeño y coqueto lobby del hotel San Juan de los Reyes, enclavado en los límites de la vieja ciudad amurallada, atestiguó ayer la inusitada reunión salvadoreña. Poco a poco, casi todos los invitados, 26, llegaban a lo largo de la tarde. Saludos sobrios, risas y comentarios generales sobre la ciudad o la maleta perdida en el viaje. Informalidad, en principio.
Encuentros que en El Salvador se antojarían imposibles o, en el mejor de los casos, discretos, aquí ocurrían, fortuitos, con toda normalidad.
Los mullidos sofás de cuero café, enclavados en el centro del salón principal y flanqueados por dos armaduras brillantes, por tandas, a los grupos que se formaban espontáneamente.
Poco antes del coctel informal que precedió a una visita por las calles históricas del casco viejo toledano, Hugo Barrera comentaba, a su entrada, que sus maletas no habían llegado hasta Barajas, el aeropuerto madrileño, por lo que tuvo que echar mano de una compra de emergencia.
Miguel Lacayo, el ex ministro de Economía de Francisco Flores y ahora empresario farmacéutico, se extendería, luego, en ilustrativa charla sobre el campo de las medicinas genéricas.
Todos se juntaron al filo de las 8 de la noche en uno de los salones para, de verdad, romper el hielo. Había, a esa hora, solo tres ausencias, la de los dirigentes del FMLN, quienes, no obstante, avisaron temprano a los organizadores que estarían hasta tarde en Madrid, pero confirmaron que este día, cuando el presidente de Castilla-La Mancha inaugure el encuentro, estarán entre la concurrencia.