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Marginación y deberes
Los invisibles

Gabriel Trillos
Director editorial de LA PRENSA GRÁFICA

gtrillos@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 5/4/2008

El pulso electoral se agudiza. Los buseros hacen de las suyas. El narcotráfico desnuda a oriente. Los granos básicos escasean y las proyecciones de las instituciones internacionales son severas. Los economistas copan espacios con sus análisis, predicciones y propuestas (en su mayoría muy buenas por cierto... ojalá alguien las escuche en el gobierno y las ponga en práctica). Libertad de expresión (ayer se celebró el día mundial) y derecho al acceso a la información. Los huracanes. Petróleo. Chávez. El deprimido fútbol nacional. Remesas. Migración. Inversiones. Turismo. Esta diversidad de temas ocupa espacios en todos los medios y centraliza el debate nacional de líderes de opinión, funcionarios, dirigentes gremiales, sindicatos y otros, pero la diversidad es aparente y tiende a convertirse en un círculo sin principio ni fin, en una moda, en una trampa vanidosa en la que todos quieren decir algo de política, por ejemplo, y el olvido castiga a otros sectores que se convierten en apuntes al margen.

Los medios de comunicación y quienes tenemos la oportunidad de tener espacios en el escenario público pecamos al caer en la gula temática y despreciamos, algunos con intención, otros por omisión, discutir de otros cientos de problemas y situaciones dramáticas y dolorosas que sufren muchos sectores de la población, quienes terminan siendo casi invisibles. Uno de estos grupos son las miles de personas con discapacidad que a diario deben sobrevivir en una sociedad tan injusta con ellos que muchos, estoy seguro, pagaríamos severas condenas en la cárcel si la marginación y el desprecio fueran delitos.

Las personas con discapacidad física o mental sufren el doble. Enfrentan, por un lado, su propia limitación corporal y consecuencias psicológicas; y sufren las limitaciones que la sociedad misma, el Estado, las empresas, las gremiales y casi todos les imponemos en su diario vivir. El Consejo Nacional de Atención Integral a Personas con Discapacidad (CONAIPD) conoce muy bien este drama y podría decir que esta institución, como otras encargadas de velar por los derechos y la rehabilitación y atención de este sector de la población, puede hacer mucho más, y seguro que así es; y podría decir que el gobierno debe mostrarse con un compromiso tangible (no solo de palabras y documentos) con esta población; y estoy seguro que pueden hacer más, pero la obligación no acaba allí y no solo es de ellos. La sociedad en general debe tener una real conciencia solidaria. Solamente piense usted en esos conductores que aparcan sus vehículos en los espacios designados a los discapacitados. Y no es un simple detalle, pues para un conductor con discapacidad significa un problema grave el tener que buscar un espacio adecuado para poder acomodarse y bajarse. Y luego enfrentar una inadecuada infraestructura en donde cosas comunes como ir al cine o educarse es una carrera cuesta arriba.

Tenemos una diversidad de leyes y reglamentos que velan por los derechos de las personas con discapacidad; en el país ya se puede aplicar la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que la ONU aprobó en diciembre de 2006 y que ya ratificaron 20 países; hay buenos proyectos como el que la semana pasada lanzaron organizaciones y otros aislados. Pero falta mucho más compromiso, entrega y organización. Les comparto mi sentir con pleno conocimiento de causa y como testigo principal: en mi familia, un joven adolescente se la juega a diario en este drama andando en su silla de ruedas, y como él, otros miles sin mayor oportunidad.