De acuerdo con Dagoberto Gutiérrez, ex comandante guerrillero, hoy elevado por la prensa nacional a la categoría de analista político, el FMLN tiene como principal debilidad el no hablar claro. En el programa “8 en Punto” del pasado miércoles, Gutiérrez dijo que su ex partido tiene que dejar claro a la población con quién y para quién va a gobernar, si gana las elecciones de marzo próximo.
En un reciente artículo, aparecido el viernes 8 de mayo, el importante periódico inglés The Guardian señala que Mauricio Funes camina sobre la línea que separa a la derecha de la izquierda, que trata de mantener (un difícil) equilibrio en sus relaciones con Estados Unidos y Venezuela, y reproduce lo señalado antes por Funes al Chicago Tribune: “No he llegado a aplicar solo un barniz a la imagen del FMLN. El reto principal al que nos enfrentamos es convencer al público que el partido se ha moderado”.
Gutiérrez tiene razón, en la izquierda se están diciendo cosas muy importantes que deben ser aclaradas hasta el punto de no dejar ninguna duda. Si Funes quiere convertir al FMLN en un partido pragmático, como dice The Guardian, hay que decirlo con letras mayúsculas, porque lo que todos sabemos es que por menos fueron expulsados algunos conspicuos miembros del partido de izquierda. Si el FMLN ha cambiado, qué bueno. Sería interesante conocer más sobre su proceso de conversión.
Lo mismo digo para ARENA. No queda claro cuando escuchamos al candidato presidencial Rodrigo Ávila hablar de país justo. ¿A qué país justo aspira Ávila?, ¿será a uno donde las instituciones funcionen?, ¿donde se acaben los privilegios y nadie intente con la ayuda del poder constituido afectar a las grandes mayorías?
Algunos dicen que la actual dirigencia de ARENA rompió el cordón umbilical que ató al partido desde su creación con la cúpula de la empresa privada del país. Si esto es así, también es una buena noticia, porque los partidos políticos solo deben someterse a la sociedad como un todo, no a grupos de interés en específico. Me gustaría escucharlo con claridad y en forma oficial, no como rumor o interpretación.
Si estamos viviendo en estos momentos una etapa de cambio en la política nacional, producto de una renovación en nuestros principales partidos políticos, no solo debe saberlo todo el país, sino que ello debe ser objeto del más profundo debate. Sin embargo, me temo que todo no es más que retórica electoral. Los hechos demuestran otra cosa. La polarización y las visiones obcecadas son las mismas.
Nuestros políticos se han especializado en no hablar claro, porque ello forma parte de su estrategia. Obviamente no actuar de cara a la gente y con claridad es antidemocrático, por decir lo menos. Significa también que las dirigencias partidistas le han perdido el respeto a sus electores.
Qué deseable hubiese sido ver cambios sustanciales en las visiones y en la forma de hacer política en el país, hoy que estamos sumergidos nuevamente en la encrucijada de elegir a todas nuestras autoridades.