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¿Por qué borran los grafitis?



Miguel Huezo Mixco/ Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
mhuezom@yahoo.com
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 5/15/2008

El Ministerio de Obras Públicas ha borrado con pintura blanca los grafitis realizados por diversos colectivos de jóvenes en los túneles del bulevar Constitución. El ornato, el buen gusto y la tan arraigada como equivocada idea de que esos inquietantes y coloridos murales exaltan la violencia de las “maras” fueron las excusas de las autoridades para ejecutar esa operación de intolerancia.

Siempre fue peligroso ser joven en El Salvador. Ahora también debe serlo, en una sociedad donde ocho de cada diez homicidios tienen como víctimas a jóvenes, y los promedios de desempleo y subempleo entre los jóvenes son más altos que la tasa nacional. Los jóvenes son, asimismo, los principales protagonistas del indetenible flujo migratorio hacia Estados Unidos, y el principal grupo objetivo para el consumo de ropa, condones, música, películas, cigarrillos, equipamiento electrónico, etc., para no hablar de drogas y alcohol. Son la principal víctima de la gran explosión de desigualdad.

Por todo ello, los jóvenes, especialmente los de hogares urbanos pobres, están expresando mejor que nadie las claves de las mutaciones culturales que experimenta la sociedad salvadoreña. Como el vestuario, los tatuajes y las preferencias musicales, los grafitis se han convertido en marcas de identidad y de expresión de su descontento.

Desde hace algunos años, los artistas salvadoreños del aerosol vienen colocando sus marcas en todas partes. Sus firmas (“tags”) se han convertido en un sarampión extendido por toda la ciudad; se miran en las carreteras, monumentos, aceras y rótulos publicitarios. Las “placas”, los dibujos más elaborados, se producen casi en secreto y a deshoras para eludir la represión policial. Entre los integrantes de esos colectivos de artistas se encuentran estudiantes, trabajadores informales y migrantes retornados quienes suelen ser aficionados al hip-hop y profesan el cristianismo, como lo prueba la lectura de los lemas que escriben en sus diseños. Es un grave error, aparte de una prueba de ignorancia, asegurar que sus diseños son los símbolos malignos de las “maras”.

Las “placas” del bulevar Constitución eran excepcionales porque fueron realizadas en pleno día, como parte de un programa de la municipalidad capitalina. Desde las primeras horas del domingo 11 de noviembre de 2007, diversos grupos se dieron a la tarea de colorear casi medio centenar de diseños que tenían como temas la cultura, el deporte y el medio ambiente. Tras la acción del MOP, todavía pueden verse otros murales en la Escuela de Ciegos, en el barrio San Miguelito, y en la avenida Jerusalén, entre otros lugares. Son parte de la cultura juvenil salvadoreña y de una corriente social y estética global. Son más que pintura, y no se les podrá reprimir echándoles pintura.

Los guardianes del ornato, esos mismos que no dudan en tolerar la repulsiva pinta y pega de los partidos políticos; los mismos que nos obligan a mirar en grandes vallas sus sonrisas fingidas —verdaderas cumbres del mal gusto pagadas con nuestros impuestos— se han anotado una triste victoria. Pero es muy probable que estos “urbanistas” solo hayan preparado los nuevos canvas donde nuestros artistas del aerosol volverán a disputar su derecho a hacer escuchar su propia interpretación del folklore, los símbolos patrios y de todo aquello que los agobia.

(Cuando en los próximos días se realice la XVIII Conferencia Iberoamericana de ministros de Educación, aparte de los usuales ensalmos sobre los derechos de la juventud, talvez pueda abrirse una pequeña grieta por donde se escuche la voz no oficial de los jóvenes de nuestros días, incluidos los artistas del grafiti.)

(Vea una colección de fotografías de grafitis en: http://talpajocote.blogspot.com/)