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Los números hablan
El futuro traerá medicina sin fronteras

Una buena atención médica con calidez personal será un atractivo para millones de turistas de salud norteamericanos y le podría dar —como ocurre en España— un gran impulso a las economías latinoamericanas.

Andrés Oppenheimer/ Columnista de The Miami Herald y del Nuevo Herald
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 7/19/2008

Ciudad de México. Desde hace varios años, hemos venido diciendo que una de las grandes oportunidades económicas para México —y Latinoamérica en general— será convertirse en un centro de servicios de salud para millones de estadounidenses que no pueden pagar los servicios hospitalarios de su país, o que simplemente buscan una atención médica más personalizada.

Poco me imaginaba que, accidentalmente, yo mismo estaría tres semanas hospitalizado en Ciudad de México el mes pasado, y me tocaría experimentar en carne propia el sistema médico de un país extranjero.

Antes de contar mi experiencia, señalemos que el turismo de salud de estadounidenses a Latinoamérica, la India, Singapur y otros países está creciendo a un ritmo de casi 20% anual, según distintas estimaciones.

Alrededor de 180,000 estadounidenses viajan a otros países cada año para que se les practiquen procedimientos médicos, como reemplazos de rodilla, operaciones de cadera, chequeos regulares o cirugías dentales, según Josef Woodman, autor de Pacientes sin fronteras. Además, otros 400,000 estadounidenses viajan al exterior anualmente para “terapias alternativas” —como cursos de meditación en la India— lo que eleva la cifra a 580,000.

Milika Bookman, autora de Turismo médico en los países en desarrollo, estima que un país como Costa Rica está atrayendo, por sí solo, unos 150,000 turistas de salud por año.

Las razones de este éxodo de pacientes estadounidenses son simples: alrededor de 45 millones de estadounidenses carecen de seguro de salud, y otros 30 millones tienen seguros de salud con insuficiente cobertura. Asimismo, muchos de quienes tienen seguro médico van al exterior para someterse a cirugías cosméticas que no están cubiertas por sus seguros en Estados Unidos.

Los números hablan por sí: un by pass coronario —incluyendo cirugía e internación en una habitación privada— cuesta un promedio de $100,000 en EUA, $27,000 en México y $24,000 en Costa Rica, según las estimaciones de Pacientes sin fronteras. Un reemplazo de cadera cuesta un promedio de $45,000 en EUA, $11,000 en México y $9,700 en Costa Rica. Un lifting facial en Estados Unidos cuesta $13,200, $3,100 en Costa Rica y $8,550 en México.

Y la tendencia al turismo médico seguirá creciendo: en las próximas tres décadas habrá casi 100 millones de estadounidenses —los baby boomers— que alcanzarán edad de retiro. Muchos de ellos no podrán pagar los servicios médicos en Estados Unidos. Y tal como ocurre en Europa, donde los jubilados alemanes, británicos y suecos se mudan a España durante varios meses en busca de atención médica personalizada y un costo de vida más barato, cada vez más retirados estadounidenses se mudarán a comunidades del norte de México, Costa Rica y otros países latinoamericanos.

¿Pero están estos países preparados para ofrecer servicios médicos del primer mundo? A juzgar por mi reciente experiencia en Ciudad de México, la respuesta es un sí, con algunas salvedades obvias.

El 9 de junio, mientras cenaba en un restaurante con dos altos funcionarios académicos mexicanos, me descompuse, traté infructuosamente de vomitar, y en el esfuerzo me desgarré el esófago. Es una rara afección médica, conocida como el síndrome de Boerhaave, con un alto riesgo de muerte.

Para mi gran fortuna, los dos funcionarios que me acompañaban no solo llamaron una ambulancia, sino que hablaron con un alto funcionario de la cadena de hospitales Ángeles, y con el presidente de la Universidad Autónoma de México, el Dr. José Narro, que es un prestigioso médico. Cuando la ambulancia llegó al hospital Ángeles Mocel, ya habían reunido a un equipo de médicos de primer nivel. El Dr. Jorge Salas, el neumonólogo que dirigía el equipo, descartó un ataque cardíaco y llamó al cirujano torácico Patricio Santillán para que me operaran de inmediato, y me quitaran más de dos litros de líquido gástrico que tenía en el pecho.

Luego de una operación de seis horas, pasé dos semanas en terapia intensiva y otra semana en una habitación individual hasta que me dieron de alta el 28 de junio, cuando ya podía caminar y todos los análisis daban bien. Los médicos me dicen que dentro de pocas semanas estaré como nuevo.

Mi habitación tenía cuatro veces el tamaño de una habitación de hospital promedio en Estados Unidos, con TV de plasma y conexión a internet.

“No me sorprende nada de lo que me cuentas”, me dijo Woodman, autor de Pacientes sin fronteras, “en los casi 100 hospitales que visité el año pasado en Taiwán, Corea, la India, Costa Rica, México y otros países, los pacientes estadounidenses me dijeron que la calidad del tratamiento era superior a la que habían experimentado en EUA”.

Cuando volví a Miami la cuenta final del hospital de México había sido de $42,000, una fracción de los más de $170,000 que habría costado en EUA.

Los hospitales estadounidenses, para no quedarse fuera de juego, ya están sumándose al negocio del turismo médico. Recientemente se inauguró un hospital Johns Hopkins en Panamá, donde algunos médicos graduados en EUA realizan operaciones por una fracción de su costo en Estados Unidos. El Instituto Internacional de Medicina de la Universidad de Miami está estudiando invertir en un hospital en Cartagena, Colombia, y asociarse con hospitales en la República Dominicana y en Bahamas.

Los extranjeros seguirán viniendo a los hospitales de Estados Unidos para procedimientos médicos de alta complejidad que no están disponibles en sus países, ni lo estarán por muchos años. Pero, para operaciones rutinarias, la tendencia será hacia otros países con costos más razonables.

Una buena atención médica con calidez personal será un atractivo para millones de turistas de salud norteamericanos y le podría dar —como ocurre en España— un gran impulso a las economías latinoamericanas.