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Populismo estilo americano

Según el virtual candidato demócrata a la presidencia, liberar petróleo de la reserva podría ayudar a bajar los precios de la gasolina, que ahora sobrepasan los 4 dólares por galón (1.05 dólares por litro).

Sergio Muñoz Bata / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
sergio@intelatin.com
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 8/7/2008

 

Entre anuncios insultantes y descalificaciones que lindan en la calumnia, la actividad electoral de los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos se centró esta semana en sus propuestas de política energética. Y si bien lo escandaloso fue el recurrente cambio de casaca en las posturas de ambos candidatos, lo lamentable es el ánimo populista electorero de sus propuestas. Este lunes, por ejemplo, Barack Obama sorprendió a la opinión pública al afirmar, contradiciendo sus declaraciones anteriores, que siempre sí está a favor de recurrir al petróleo de las reservas estratégicas de Estados Unidos para intentar rebajar los precios de los combustibles.

Según el virtual candidato demócrata a la presidencia, liberar petróleo de la reserva podría ayudar a bajar los precios de la gasolina, que ahora sobrepasan los 4 dólares por galón (1.05 dólares por litro). Y quien previamente se había opuesto a utilizar al petróleo guardado en cavernas ubicadas en Texas y Luisiana para satisfacer una demanda temporal argumentando que se trataba de una artimaña política para satisfacer urgencias electorales, ahora sostiene que algunos de los retiros previos de la reserva han logrado bajar los precios de la gasolina en tan solo dos semanas.

Y esta no fue la única ocasión en la que Obama cambió de camiseta. La semana pasada, cambió de opinión al anunciar que ahora sí apoyaba la extracción limitada de petróleo en áreas de la costa estadounidense hasta ahora preservadas de la explotación.

Hasta su última rectificación, Obama se había opuesto a este tipo de extracciones petrolíferas argumentando que la extracción costera implicaba un riesgo tan profundo al medio ambiente que la nación no podía asumirlo. Y en un vano intento por justificar su metamorfosis aclaró: “Me sigo manteniendo escéptico respecto a algunas de las propuestas de perforación en busca de crudo. Pero les concedo [a los autores de una propuesta de ley en el Congreso] el reconocimiento de que han elaborado una medida cuidadosa y respetuosa”.

McCain, por su parte, tampoco se ha distinguido por su consistencia. El senador por Arizona también ha tenido cambios radicales en su postura en el tema del aumento de las perforaciones petroleras en la costa. De hecho, durante las elecciones primarias del año 2000, cuando compitió por la candidatura republicana con el actual presidente George W. Bush, McCain se convirtió en el mejor abogado de la causa ambientalista al enfatizar que debería extenderse la prohibición ya existente a las perforaciones costeras.

En las últimas semanas, sin embargo, McCain se ha convertido a la desesperada causa de Bush y del vicepresidente Dick Cheney, en su muy visible campaña desacreditando al Congreso y exigiéndole que permita el aumento de exploraciones petroleras en las costas. El descarado tinte político de la campaña de los republicanos no tiene vuelta de hoja. De lo que se trata es de exponer a la mayoría demócrata en ambas cámaras como una pandilla irresponsable e insensible al sufrimiento de los cautivos consumidores de gasolina.

Obama está en lo correcto cuando acusa a las autoridades políticas de haber cometido errores fatales en materia de política energética a lo largo de las tres últimas décadas. También tiene razón cuando incluye a su rival, el republicano John McCain, entre los políticos responsables del fracaso y, sobre todo, cuando señala que no le será fácil al próximo presidente de la nación resolver los enormes desafíos que implica transformar la política energética del país, “dado el desastre financiero que heredaremos de la actual administración”.

Lo irritante, sin embargo, es que ni los candidatos ni el Congreso actúan de manera responsable para plantear la resolución de la crisis energética que vive el país. Tanto los candidatos como el Congreso saben perfectamente bien que acceder a la reserva petrolera no va a resolver los problemas. También saben que en lo referente a la perforación petrolera ya la industria del petróleo tiene acceso a cuatro quintas partes de los recursos petroleros existentes en las costas y que la perforación en las áreas hasta ahora protegidas por una moratoria solo tendría, si acaso, un efecto marginal en los precios de la gasolina y en un plazo mínimo de 15 años.

Desafortunadamente, también saben muy bien que las encuestas señalan que la carrera presidencial se hace cada día más competida y que el tema es muy importante para la ciudadanía. Y que el alto costo de la gasolina afecta el costo de la transportación de personas y alimentos e incide a la vez en el bolsillo de los votantes y así es como el oportunismo político les impide un acercamiento integral al problema energético.

Como han señalado los expertos en la materia, el futuro del país depende de una política energética que enfrente con éxito tres grandes retos: la excesiva dependencia mundial en el petróleo; el cambio climático y el daño al medio ambiente causado principalmente por los combustibles fósiles; y la falta de acceso a la energía de los países en vías de desarrollo.

Mientras tanto, desplegando un sentido de la ironía que raya en el cinismo, los líderes de ambos partidos en el Senado han acordado reunirse en el esperpéntico monumento al desperdicio de energía llamado Las Vegas, Nevada, para discutir un nuevo plan energético para la nación.