La dinámica electoral se está moviendo, pero, como hemos señalado ya en distintos momentos recientes, lo que aún no se ve claro es que en realidad se esté produciendo, por parte de las fuerzas políticas en contienda, y especialmente en las dos más grandes, que son las que se hallan de veras en la competencia presidencial, un ejercicio efectivamente comprensivo de lo que son los auténticos desafíos del momento actual en el país. Estos desafíos, cambiantes y acumulativos, van bastante más allá de los números de las encuestas de opinión, de los giros propagandísticos coyunturales, de las consultas rutinarias en el terreno y de los forcejeos internos para consolidar posiciones.
Los partidos políticos, ante una contienda electoral que se avizora crecientemente reñida, parecen tener poco margen para aplicar recetas que pudieron haber sido útiles en campañas pasadas. Ahora, el electorado es más exigente, las condiciones del fenómeno real son mucho más complejas, las debilidades institucionales de las fuerzas políticas están más a la vista y las disyuntivas entre pasado y futuro ya no son postergables. No se trata, desde luego, de echar por la borda lo que se ha venido logrando a lo largo del proceso de democratización, que es muy valioso y preservable, sino de soltar lastres inútiles, que son los que dificultan el avance.
En el caso de la izquierda, esos lastres son principalmente ideológicos; en el caso de la derecha, son fundamentalmente de manejo del poder. Cada quien tiene una complicada y urgente agenda de replanteamientos y correcciones, y lo que estamos viendo son en primer término las ansiedades ante ese reto del cual ya nadie puede escapar.
Futuro en clave democrática
¿Qué espera la ciudadanía de la Administración que se hará cargo de la conducción del país a partir del primero de junio de 2009? Esta es la pregunta que tendrían que estarse haciendo, de entrada, las fuerzas políticas que ya están en campaña y los grupos de apoyo con que cuentan. Y no es difícil intentar un resumen de la respuesta de seguro más idónea: ampliación al máximo de los esquemas de oportunidad para los ciudadanos en los distintos niveles de la sociedad, mejoramiento institucional efectivo para asegurar la credibilidad, honradez a toda prueba en el manejo de la “cosa pública” y que los distintos factores y actores del poder, tanto político como económico, se pongan inequívocamente al servicio del proceso democrático en marcha.
En verdad, los desafíos a los que ahora mismo nos enfrentamos como conglomerado nacional y como conjunto de sectores y fuerzas que se mueven dentro del pluralismo natural de la sociedad son expresión natural del proceso mismo, en su avance hacia una cada vez más plena democratización.
El futuro deseable y realizable en El Salvador ya no podría ser otra cosa que un futuro democrático en creciente consolidación; y por eso cualquier direccionamiento que no vaya en esa línea es regresivo e insostenible. Tanto la izquierda como la derecha deben tener en cuenta este hecho básico, y así ponerse al servicio del futuro no como quisieran que fuera a partir de viejos planteamientos, sino como debe ser a partir de lo real actual.