Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA
Cuentan los cronistas de la independencia de Centroamérica que esta porción geográfica nació dividida en partidos, pero la característica esencial es que hubo bipartidismo. Esos reconocidos historiadores fueron Alejandro Marure y Manuel Montúfar y Coronado, de Guatemala; Pedro Joaquín Chamorro, de Nicaragua y Carlos Meléndez Chavarri, de Costa Rica, sin desconocer los méritos del doctor Pedro Molina, de Guatemala; y José Cecilio del Valle, de Honduras. Estos dos últimos eran periodistas, en torno a cuyas ideas se formaron los dos partidos tradicionales que disputaron las simpatías de ideas y actitudes.
Para el historiador Pedro Joaquín Chamorro, en su “Historia de la Federación de América Central” (Ediciones Cultura Hispánica/ Madrid/ 1951), el bipartidismo se remonta a las Cortes de Cádiz (1812), en España, en donde los diputados que representaban a España y América se dividieron en liberales y los otros a quienes calificaron de “Serviles”: el término liberal quería decir generoso, desprendido o los que siempre llevaban la libertad en los labios. En cambio, los otros respondían al calificativo denigrante de “Serviles”.
Al instalarse en Guatemala el 24 de junio de 1823, la Asamblea Nacional Constituyente, fue expedido el Decreto de 1.º de julio del mismo año, que ha sido considerado como el verdadero punto de partida para nuestra vida independiente, pero desde luego, debemos reconocer que la independencia de Centroamérica es un proceso y no un conjunto de fechas históricas aisladas.
En esa oportunidad pudo distinguirse la actitud de dos fracciones políticas diferentes: por una parte, se calificó la moderada, a la cual se denominó “servil”; la otra fue denominada “fiebres”, integrada por los liberales.
En una cita de Pedro Joaquín Chamorro, “la mejor señal para distinguir un fiebre de un moderado es que en un cuarto de hora de conversación, donde inmediatamente se le oye al primero detestar de los frailes y de las monjas, hablar contra las rentas eclesiásticas, contra los preceptos de la iglesia, negar la eficacia de los sacramentos, mofarse de todo lo que respecta a la religión y reírse de los que aún oyen misa”. Otras de las divisiones partidarias se dio entre los liberales, que querían un sistema federal, como el establecido por Manuel José Arce y los conservadores, que preferían un Gobierno Central.
La historia política de Centroamérica sería incompleta, si no se menciona el nombre de los intelectuales que, al través de sus respectivos medios de comunicación, hicieron posible la independencia. Ellos fueron el doctor Pedro Molina, director de “El Editor Constitucional”, y el prócer José Cecilio del Valle, director de “El amigo de la patria”.
Valle era jefe del partido Gacista que integraban los españoles peninsulares y el doctor Molina dirigía a los cacos o partidarios de la independencia.