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Periodista invitado
Finlandia, ejemplo para Latinoamérica



Andrés Oppenheimer
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 9/7/2008

Columnista de The Miami Herald y del Nuevo Herald

Al igual que otros muchos periodistas extranjeros, estuve en Finlandia para averiguar cómo hizo este país para trepar a los primeros puestos de los más importantes rankings internacionales que evalúan el éxito social, económico y político de las naciones.

Finlandia ocupa el primer puesto entre 179 países en el índice anual de Transparencia Internacional sobre las naciones menos corruptas del mundo (EUA ocupa el puesto número 20); también está en el primer puesto en el ranking de los países más democráticos del mundo de Freedom House (EUA está en el puesto número 15).

Está entre las 10 economías más competitivas del mundo según el Foro Económico Mundial (EUA encabezó esa lista este año). Un país pequeño, con solo 5.3 millones de habitantes. Hace dos décadas era el más pobre del norte europeo.

El éxito finlandés ha provocado curiosidad en todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, donde la mayoría de países no han hecho la transición de ser exportadores de materias primas a convertirse en productores de productos de alta tecnología.

¿Cómo lo hicieron?, le pregunté a la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, en una extensa entrevista. “Puedo resumirlo en tres palabras: educación, educación y educación”, respondió. ¿Y cuál es el secreto de su sistema educativo? le pregunté. Entre otras cosas, el excelente nivel de capacitación de los maestros de escuela primaria, dijo ella. “Tenemos una larga fila de expertos internacionales que están haciendo cola frente a nuestro Ministerio de Educación para ver qué pueden aprender de nuestro sistema”, dijo Halonen, “lo que les cuesta creer es que la respuesta sea tan simple como tener buenos maestros”.

Por lo que vi durante mi visita de cinco días a Finlandia, los maestros están relativamente bien pagados y gozan de gran respeto social en este país. Es necesario tener al menos una maestría para enseñar en la escuela primaria, y una licenciatura para enseñar en el kindergarten.

En una visita a un aula de primer grado de la escuela Juvanpuisto, vi a una maestra dictando clase, mientras una asistente estaba sentada en una de las mesas con un grupo de niños, y les susurraba al oído para ayudarlos a entender algo que no habían captado. En una pequeña aula contigua, una “maestra especial” le daba una lección personalizada, individual, a una niña que necesitaba apoyo adicional.

Las clases individuales ayudan a reducir la brecha entre los buenos estudiantes y los que no son tan buenos. Asimismo, las escuelas finlandesas usan un programa de computación al que los padres de los alumnos pueden acceder todas las noches para recibir los últimos reportes sobre sus hijos, como por ejemplo si faltaron a la escuela, usaron su teléfono celular en clase, o deben hacer una tarea especial para el día siguiente.

Finlandia también es uno de los primeros puestos en los rankings internacionales de suicidios (aunque Halonen se apresuró en decirme que la tasa de suicidios de su país ha disminuido en los últimos años, y ya no es el campeón del mundo en la materia).

Pero Finlandia podría ser un excelente ejemplo para los países latinoamericanos que quieren convertirse en exportadores de productos de alta tecnología. Los tres secretos de Finlandia: educación, educación y educación.