La dignidad del ser humano
Un aniversario para tenerlo en cuenta

Algunos países están dando los pasos necesarios para que haya justicia por las violaciones a los derechos humanos. La Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han tenido un rol central en marcar el camino para que algunos Estados busquen terminar con la impunidad.

Santiago A. Cantón / Secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 12/9/2006

Mañana domingo se celebra un aniversario fundamental. Fue un 10 de diciembre de 1948 cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo que representó uno de los pasos más significativos en la historia del planeta. A través de ese acto se reconocieron a los hombres y las mujeres del mundo derechos cuya realización dependía hasta ese momento de la voluntad de los Estados.

Los aniversarios de fechas históricas suelen caer en un lento olvido cuando se transforman en un rito carente de significado, principalmente para las generaciones que no vivieron los acontecimientos que llevaron a la creación misma de la celebración. No podemos permitir que suceda lo mismo con los derechos humanos.

La Declaración Universal nos recuerda: “El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Por eso debemos aprovechar esta ocasión para hacer una evaluación sobre los desafíos que aún están pendientes para asegurar un mundo libre de temor y de miseria.

En América Latina, los derechos humanos nacieron formalmente con la aprobación de la Declaración Americana en mayo de 1948, unos meses antes de que se aprobó la Declaración Universal. Pero fue unas décadas más tarde que la verdadera importancia del tema comenzó a tomar forma en la región. A partir de los años sesenta, frente a las violaciones masivas y sistemáticas a los derechos humanos por parte de las dictaduras militares en el Cono Sur, muchos comenzaron a movilizarse para salvar sus propias vidas o las de miles de personas que desaparecían, eran torturadas o ejecutadas por criminales arropados por el poder estatal. Fue en ese momento que la letra de las declaraciones Universal y Americana cobró vida en las manos de los activistas de derechos humanos, cuyos esfuerzos salvaron vidas.

Es preciso recordar también que los derechos humanos van mucho más allá de la visión tradicionalista que los asocia con desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Los derechos humanos son la esencia misma de la democracia, representan la necesidad de que haya justicia para todos y que la pobreza y el analfabetismo sean recuerdos del pasado. En muchos países, la justicia continúa siendo un instrumento del gobierno de turno, en ocasiones dependiente de poderes políticos o económicos que buscan sus beneficios particulares y logran que la balanza esté siempre inclinada hacia su lado.

Si queremos que el péndulo se detenga definitivamente del lado de la democracia, debemos tener una justicia verdaderamente independiente que proteja a todas las personas por igual. Ninguna democracia es verdadera si los pilares para sostenerla se basan en la consagración de la impunidad por la desaparición, la tortura, la violación y el asesinato de miles de habitantes, si las personas que cometieron las peores atrocidades que el ser humano pueda imaginar caminan libremente por las calles. No es posible hablar de justicia cuando en varios países de la región los crímenes que le costaron la vida a miles de personas continúan sin castigo.

En la región, algunos países están dando los pasos necesarios para que haya justicia por las violaciones a los derechos humanos. La Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han tenido un rol central en marcar el camino para que algunos Estados busquen terminar con la impunidad. En Perú, por ejemplo, se derogaron las leyes de amnistía sancionadas bajo el gobierno de Alberto Fujimori y gracias al excelente trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación se han iniciado algunas investigaciones de los casos paradigmáticos descritos en su informe final. Argentina es posiblemente el país que más ha avanzado en esta materia con la declaración de nulidad de las leyes de amnistía por parte de la Corte Suprema de Justicia y los juicios que se iniciaron en contra de los represores. Sin embargo, lamentablemente, aún siguen siendo más los países que se niegan a que la justicia trate por igual a todos sus habitantes.

Es un error afirmar, como pretenden sostener algunos, que la búsqueda de justicia por violaciones a los derechos humanos es una mirada al pasado; que si queremos resolver los problemas sociales debemos dejar atrás la memoria de los abusos y mirar hacia adelante. El argumento de pasado frente a futuro es una máscara que intenta esconder a una justicia selectiva que protege a los violadores de los derechos humanos. Por el contrario, una verdadera justicia para todos es el único camino que conduce a un porvenir libre de violencia, pobreza y analfabetismo. Después de todo, un país rico, pero en donde abunda la pobreza, es un país en donde no ha funcionado la justicia.

El sueño de un hemisferio justo se va a lograr únicamente cuando todos seamos iguales ante la ley y podamos gozar de nuestros derechos humanos, tal como lo consagran las leyes nacionales e internacionales. El 10 de diciembre es una fecha para recordar que la dignidad del ser humano debe ser el centro mismo de nuestras acciones, todos los días.